Su ocupación de presidente está muy bien concentrada en esos 30 segundos de vídeo: hacer de algo útil y duradero un trasto inútil cuando no le hace falta

Donald Trump desciende del 'Air Force One' protegido por un paraguas.EFE
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La escena es de 2018, pero útil para seguir descifrando hoy a La Bestia. El presidente de EEUU ascendía por las escalerillas al Air Force One. Llovía en Pittsburgh esa tarde. El tipo alcanzó la última plataforma antes de acceder al avión y después del titubeo, decidió dejar tirado el paraguas de tela negra con el que se cubría del agua. No cerrarlo y entrar al aparato, como es costumbre en cualquier humano normal, sino dejarlo abandonado ahí de la manera más anormal. Unos segundos después aparece un propio a recoger el artefacto, plegarlo y entregárselo a quien sea que estaba dentro. Puede parecer una estampa irrelevante, pero da una buena información salvaje. El gesto es desagradable.
Donald Trump no quiere tener tiempo, y le sobra grosería, para guardar el paraguas. Prefiere dejarlo abierto y de cualquier manera a capricho del viento. Alguien vendrá detrás a hacer ese trabajo mínimo. Su ocupación de presidente está muy bien concentrada en esos 30 segundos de vídeo: hacer de algo útil y duradero un trasto inútil cuando no le hace falta. El derecho internacional, por ejemplo, es un poco ese paraguas. La lógica diplomática, también. Incluso los medios de comunicación; o, sobre todo, los medios de comunicación, denostados y ofendidos con su idioma patibulario. La Bestia lo es en cada gesto, en cada guerra fuera de lógica, en las amenazas constantes, en los cambios de humor y ventolera, en el racismo. Cómo no va a dejar ese hombre un paraguas tirado en la puerta del Air Force One si no cabe abierto en el Air Force One. Hay chimpancés más resueltos. Él sí tiene que demostrar que es alguien. Por eso, ante la evidencia de su pobreza intelectual, echa mano de cualquier cosa para desquiciar al mundo -igual el ejército que los aranceles- y ni así cierra el paraguas.
Tenemos un problema grande. La Bestia va dejando las cosas tiradas porque está seguro de que alguien aparecerá detrás para recoger cuanto destroza o desprecia. Parece que casi todo el mundo tiene claro que es el sujeto a quien el mundo menos necesita. Su vulgaridad codiciosa y matona hace que cada día cambie la trayectoria de la vida. Es incapaz de existir un par de horas sin molestar, sin dar trabajo de más, sin provocar el horror. En España, como está probado, tiene a Abascal de monosabio.



















