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El enemigo, en la faja; las joyas de Zapatero, en la caja A qu� se parece la casa de Zapatero Le�n XIV contra el providencialismo de Silicon Valley Ni la evidencia ni las joyas ejecutan a los mitos Catalu�a, en manos de los taxidermistas Midas el Relevante Zapatero, ajuar digno de una emperatriz Cuando Zapatero es tu padre El sistema ideol�gico espa�ol se agrieta Ostras y champ�n, la vieja escuela Zapatero cobr� cada crimen y sus medios lo ocultaron La excepci�n ib�rica era una excepci�n democr�tica Los Javis, talento y fiesta para ser modernos El unicornio sin cuerno de Iv�n Redondo El terremoto Zapatero, un desaf�o para la escala de Richter Orden internacional Zapatero ya lo advirti� en su libro: no nos pongamos tan estupendos El buenecito de Zapatero La �tica de la convicci�n y su antimet�bole Un electorado a la altura de las circunstancias Pollo frito del KFC y youtube: el marr�n de empresa en el que Zapatero ha metido a sus hijas Id�goras y Pachi El infinito de Zapatero acaba en Venezuela Pero qu� no va a hacer un padre por las ni�as de sus ojos El legado: «Una mierda» Irene Polo o la nueva nostalgia del viejo periodismo La corrupci�n 'legal' que une a Zapatero y S�nchez Las mujeres consagradas a sus jefes Anthropic acaba de cambiar la historia de la IA Los hijos de los presidentes, esa extra�a ramificaci�n cromos�mica del poder La Zona cero del siglo XXI Con un estatuto no har�a falta la Fiscal�a El 'pana' regenta la oficina de 'la Dama' El de Calama no es un auto, es un autob�s El evangelio seg�n Calama Invocaci�n del Corral de la Morer�a Esa man�a de llegar media hora tarde... Nubefilia, breves datos sobre la contemplaci�n La segunda muerte de Rodr�guez Zapatero La autoridad de Zapatero ante S�nchez y de d�nde ven�a Las bandas de Pedro La paradoja de las habitaciones vac�as Que la vida iba en broma De la Ceja a la Meca Y mientras nos daba lecciones morales La generaci�n regeneraci�n indulta a Zapatero Zapatero: vida de un idealista Zapatero, la l�gica y los indicios El chico que salt� donde los monos del zoo La lecci�n est� a su izquierda Azar y necesidad de la vida extraterrestre La traici�n de Juanma La izquierda, una familia de vientos Al final el voto se lo ha llevado un zimp�tico La derecha lela compra el marco de S�nchez Lo que tiene de sorprendente el viaje del Rey a Canad� �Cu�nto sexo se necesita para ser feliz? Que no te enga�en como a Trump Pol�tica exterior: nadie est� en su sitio La izquierda pierde el Sur, Espa�a perder� el Norte El PP condenado a Vox Se hunde la izquierda, avanza la identidad Noticias del �tero rodante Soportar la lentitud Ra�l Castro, el testigo protegido de su propia traici�n Si los andaluces se levantan Juanma Moreno y el experimento andaluz Un pa�s pobre con ideas de rico Periodismo cautelar en el Congreso El car�cter de ingeniero florentino del Florentino ingeniero El mensaje de la violencia sexual de Hamas M�xico no exist�a; Espa�a tampoco Poder superior y complejo de inferioridad Motas de polvo bailando en los rayos del sol Todo por la patria, y m�s Ta Kumi, japon�s de gu�a Michelin a buen precio No todo el mundo quiere ser un 'sticker' Momentos estelares de la humanidad, la suerte de Pedro S�nchez y el gol de Nayim Est�ticas del sufrimiento Florentino como aquel Spasic Dos desalmados y el Gran Hermano Virus El prometedor futuro de MJM El octavo pecado, el demonio del mediod�a Marlaska, �y la seguridad de los pueblos, qu�? Bajarse a Madrid El narco y los riesgos laborales El Madrid y el crep�sculo de los dioses Y as� le pagan a un P�rez que lee peri�dicos Honestidad florentinista Sobre la persistencia del antitaurino Y si supieras lo que gana tu compa�ero La especie y yo De ratones y hombres colilargos La diferencia entre la tragedia y la estad�stica Un d�a de Mar�a Jes�s en la campa�a de S�nchez Propuesta de abolici�n del tema en el arte La guerra de Trump contra la epidemiolog�a �Transformad esas antiguas aulas! El extra�o caso de Juanma M. Los errores en los que no quiere caer Juanma Moreno
Yo s� pido perd�n por el expolio en Am�rica
Rafa Latorre · 2026-05-27 · via Columnistas

Correr la milla

La labor d�cese que diplom�tica de Zapatero no representaba a Espa�a, pero era una misi�n de la que Espa�a, s�, se enorgullec�a

Zapatero conversa con Delcy Rodr�guez en Santa Cruz (Bolivia), en 2024.

Zapatero conversa con Delcy Rodr�guez en Santa Cruz (Bolivia), en 2024.EFE

Actualizado

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Hay ciudadanos muy vanidosos que van estos d�as por ah� divulgando su tristeza, su aflicci�n, su incurable decepci�n por el descubrimiento de la verdad sobre Zapatero. Otros, s�lo algo m�s decorosos, se declaran avergonzados. Avergonzados como socialistas, por eso de que fue secretario general; avergonzados como espa�oles, por eso de que fue presidente.

Entre estas contriciones tan desinhibidas no se cuenta -yo al menos no me la he encontrado- la que deber�a estar motivada por el hecho m�s turbador, el que deber�a provocar un bochorno m�s intenso, por cuanto supone la verdadera deshonra para un espa�ol. Les hablo de la estafa a los venezolanos.

Cu�nto peor que la codicia es la crueldad. El d�a en que decidi� no asumir una derrota electoral segura, Zapatero se despidi� anticipando un plan para su jubilaci�n: �El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca�. Era joven y el mundo es un lugar injusto, as� que pospuso tan pl�cido retiro en cuanto vio que su nefasta gesti�n de la crisis ya se iba olvidando. Present� su reincorporaci�n a la pol�tica en t�rminos de sacrificio. Eso es lo que todo este tiempo se nos dijo, mediante presumidas f�rmulas con las que demoraba una explicaci�n por su aberrante complicidad con el r�gimen criminal que sojuzga Venezuela.

A los que nos atrev�amos a se�alar que Zapatero pretend�a camuflar con bellos prop�sitos el oficio antiguo de palanganero, se nos dec�a que no ten�amos ni idea de la abnegada labor del ex presidente y que alg�n d�a sabr�amos, para nuestro sonrojo, lo que de verdad estaba haciendo por los presos pol�ticos y la democratizaci�n de Venezuela.

El revanchismo dom�stico no deber�a desviarnos de nuestra causa com�n como naci�n, que es el acto de desagravio al pueblo venezolano. A ver si ahora vamos a hacernos acreedores de lo que hicieron los conquistadores hace cinco siglos en un lugar que no se llamaba M�xico y no del expolio cruel a los venezolanos de un ex presidente que no s�lo sigue vivo, sino que hasta ayer, como quien dice, gozaba a�n de un prestigio.

Porque adem�s no se trata de un aventurero. La labor d�cese que diplom�tica de Zapatero -y eso lo que nos compete a todos- siempre goz� de la comprensi�n y el aliento de la canciller�a espa�ola. No representaba a Espa�a, pero era una misi�n de la que Espa�a, s�, se enorgullec�a. Y yo creo que hay que pedir perd�n a los venezolanos por la complicidad con la que, mientras aduc�a milongas humanitarias, les abri� un butr�n en el Estado para esquilmar sus recursos.