Cabo Suelto
En unos a�os este pa�s s�lo podr� seguir avanzando si suma algunos centenares de miles de inmigrantes en situaci�n regular, integrados, dispuestos a pagar su parte a Hacienda

Colas de inmigrantes para tramitar su regularizaci�n en Valencia.EFE
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Espa�a no la desmontar�n los 500.000 inmigrantes convocados para regularizar su situaci�n (para algo as� ya estamos los espa�oles). Espa�a naufraga casi siempre por el mismo vicio: la burocracia, la desesperaci�n y el desgaste de la burocracia, las colas ineficaces, las horas perdidas de ventanilla en ventanilla. Como era de esperar, estoy a favor de que tantos de los solicitantes mejoren su existencia por derecho, por justicia, por realidad, porque hacen falta. Aunque en las primeras horas del proceso no funcion� casi nada. Tantos hombres y mujeres paseando carpetillas con su identidad administrativa estampillada, pero a quienes siempre les falta un papel, el papel definitivo, el papel del penoso �vuelva usted ma�ana�.
En el bullebulle del procedimiento se colar�n indeseables, seguro, y conviene evitarlo. Pero entre todos los dem�s es posible encontrar profesionales de cualquier disciplina, y tambi�n estudiantes que dejaron por fuerza los estudios al marchar. De esta aventura se beneficiar�n (ya lo hacen) las derechas que recelan o la extrema derecha que boicotea aventando un discurso tan estrecho que da verg�enza hasta reproducirlo: "Espa�a para los espa�oles". Y espa�ol es tambi�n Ansu Fati e Ilia Topuria, o Rodrygo y Militao.
Parece imposible pensar en una Europa donde no se cuente con la gente forzada a marchar de sus pa�ses. Aquellos dispuestos a hacer los trabajos m�s duros. Da apuro seguir dando argumentos tan rasantes, pero la realidad es rasante en este momento. La manera de no extinguirnos como pa�s pr�spero pasa por desconfiar de aquellos que prefieren mantener la superstici�n de la pureza de raza propia de los pa�ses d�biles, achacosos, ego�stas. Habr� a�n patriotas convencidos de que el inmigrante es por definici�n una lamprea agarrada a la aleta del Estado y dispuesto a desangrarlo sin dar golpe. Los habr�, aunque el color de piel de la vasta mayor�a de cuantos suben al Metro en las horas fuertes con destino a sus trabajos niega la estad�stica. En unos a�os este pa�s s�lo podr� seguir avanzando si suma algunos centenares de miles de inmigrantes en situaci�n regular, integrados, dispuestos a pagar su parte a Hacienda. Ellos y nosotros estamos acudiendo mutuamente al rescate. En una d�cada lo veremos. La ultraderecha sulf�rica de Vox (una de las peores de Europa) se diluir�, qui�n sabe, y pasaremos de ella, pero a la derecha de siempre quiz� le recuerden con bochorno el tiempo aquel en que a cuenta de este asunto estuvieron tan cerca del terraplanismo.




















