Hija de la gran duda
Todos caminamos hacia un miniapocalipsis particular, lo importante es mantener el estilo

Un pasajero del 'MV Hondius' saluda desde el autob�s donde est� siendo evacuado.AFP
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No resulta f�cil elegir entre la l�gica de la solidaridad por la supervivencia y la del ego�smo por la supervivencia. Y es que, aunque antag�nicas, ambas parecen manar de la misma parte del cerebro: la que desea vivir desesperadamente. Si la especie se extingue, yo me extingo; y si yo me extingo, �qu� m�s me da la especie?
Estas dos visiones han chocado estos d�as por el hantavirus, empujadas por la ola polarizadora que todo lo revuelve. Por supuesto el desmesurado caso que le hemos prestado al barco virulento y viral hunde sus ra�ces en la pandemia de Covid, pero tambi�n en una narrativa apocal�ptica tan de moda hoy, sostenida en gran parte por los multimegamillonarios que sue�an con colonizar Marte, que no quieren salvar a la humanidad, sino un palco privado para cuando todo arda. �Existe lujo m�s exclusivo que ese?
Seg�n la OMS, el riesgo de transmisi�n del hantavirus era muy bajo, am�n de que siempre hubo virus y bacterias amenazantes, como siempre hubo hipocondr�acos y negacionistas (que son las dos caras del mismo bofet�n: los unos piensan que todo los va a matar, los otros que nada puede matarlos y ambos est�n convencidos de que el mundo gira alrededor de su ombligo). Y a pesar de eso, el mundo amenaz� con acabarse esta semana.
Recuerdo que, en aquel viaje a �frica, sab�a que me iba a sentar mal aquel t�. Lo supe con lucidez intestinal en cuanto lo arrim� a mis labios, pero despreciarlo en la chabola de la persona m�s amable del universo era estrangular la fe en la humanidad. Me cost� cuatro d�as de bicho en el cuerpo, vomitando hasta el agua. Tampoco me arrepiento de esos amores desbordados e imprudentes, de esas noches sin precauci�n porque �qu� es el deseo sino la forma elegante del riesgo? En ambos casos, hubo algo que se impuso a la l�gica de la supervivencia personal: la necesidad de confiar.
Hace a�os me hicieron una pregunta: ��Qu� temes m�s: morir a manos de un animal salvaje o de un humano psic�pata?�. Entonces eleg� al psic�pata, poder reconocerme en algo lejanamente humano antes de partir. Hoy elegir�a animal.
Tal vez porque esta semana he le�do que un hongo sin cerebro gui� el trazado de la red ferroviaria de Tokio. Los investigadores colocaron avena simulando las estaciones y el hongo cre� la red que mejor optimizaba distancias y recursos. He le�do tambi�n que en Rep�blica Checa los castores se adelantaron a la burocracia, construyendo diques y presas mucho m�s r�pidos y eficaces que los ingenieros. Y m�s baratos.
El miedo ego�sta nos vuelve idiotas, nos aleja de nuestra animalidad y, lo que es peor, nos arrebata la elegancia. No importa si se pierde o se gana, de hecho todos caminamos hacia un miniapocalipsis particular, lo importante es mantener el estilo. Dirigirse al pared�n y ajustarse bien la chaqueta antes de recibir el disparo. En ese gesto sobrevive una especie.



























