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TIROS
La colección de traumas de la democracia estadounidense ha convertido los atentados presidenciales en un género histórico. Trump ni siquiera depende de la puntería de un tirador para salir reforzado. Su carrera política lleva años alimentándose de su condición de perseguido profesional que cada incidente, por violento que parezca, encaja perfectamente en su narrativa.
El gran protagonista de la cena de corresponsales en Washington, por encima del tirador, fue un mentalista. Un profesional de anticipar reacciones, descifrar intenciones y detectar lo que los demás no ven, al que se le pasó por alto un magnicidio. Lo más revelador no es que algo así suceda en plena cena de corresponsales con el presidente de EEUU. Lo más revelador es que es el único lugar del mundo en el que el suceso a nadie sorprende demasiado.
BALAS
La declaración del teniente coronel Balas en el juicio al exministro José Luis Ábalos tuvo ese aire de testigo que entra en una sala pensando que va a explicar algunas cosas y acaba explicando un país entero. Aunque casi que mejor que lo que decía eran las reacciones de Koldo y de Ábalos, lo que obliga a los jueces a lidiar no sólo con la instrucción penal y la memoria selectiva de los implicados, sino también con un reality carcelario.
Según lo expuesto por el responsable de la UCO, Pedro Sánchez aparecería mencionado en una captura de pantalla reenviada por Ábalos a Koldo García, lo que para Balas demuestra que la organización «accede incluso al presidente», un personaje tan misterioso como alguien llamado M. Rajoy.
VIVIENDA
A estas alturas del sanchismo, la derecha empieza a gobernar sin necesidad de elecciones. Bastaba con que los partidos de derechas votaran cosas de derechas. Que no lo hicieran durante todo este tiempo puede considerarse el mayor logro del sanchismo. Sánchez dijo el primer día que podía gobernar sin el Congreso. De hecho, sus problemas aparecen cada vez que intenta gobernar con él.
El decreto de vivienda de Sumar termina en la papelera. Hay textos legislativos que nacen para cambiar un país, y otros para que no cambie nada. Junts y PNV, principales responsables, parecen reconocer que una cosa es impedir que gobierne la extrema derecha, y otra muy distinta dejar que gobierne la izquierda.
El PNV, para demostrar que está en la onda a pesar de su lema «Dios y Ley Vieja», se queja de un meme. La política española ha alcanzado tal nivel de refinamiento que la corrupción se gestiona, los socios se negocian y las contradicciones se administran. Pero el humor se castiga.
MIÉRCOLES
ALDAMA
Como era de esperar, la declaración de Víctor de Aldama en el Supremo empezó por Pedro Sánchez. El empresario declaró como quien cuenta su vida, sin apuntes, entendiendo que, en determinados momentos, los titulares pesan más que la documentación: "Si hay jerarquías aquí, si hay una banda organizada criminal, de la que yo formo parte, el señor presidente del Gobierno está en el escalafón uno; el señor Ábalos, en el dos; Koldo, en el tres; y yo, en el cuatro". Vamos, que si todo lo que le gusta es ilegal, a Sánchez también.
Cuando un sumario entra en el territorio de los grandes nombres, el país deja de mirar las pruebas y empieza a ordenar los bandos. Donde unos ven una bomba; a otros les toca ver una estrategia. Y entre ambas se instala el ruido, que en España suele ser la forma más eficaz de suspender cualquier conclusión. La verdad judicial llega siempre mucho después que la mediática, y para entonces el país ya habrá cambiado tres veces de escándalo.
KOLDO
Koldo García, durante meses presentado como asistente, escolta, hombre de confianza y sombra permanente, compareció anteayer ante el Tribunal Supremo, por fin como representante del sanchismo. Igual que Sánchez decía unas cosas como candidato y otras como presidente, Koldo hablaba con Sánchez como candidato y desconocía por completo al presidente: «Yo era un tipo campechano. Cuando ocupó la Secretaría General es cierto que hablaba con él, pero yo hablo con las piedras. Pero después de que fuera presidente del Gobierno... ».
Koldo dejó caer las suficientes sentencias para que nadie olvide que sigue ahí. A veces no hace falta contar nada nuevo; basta con recordar que uno sabe cosas, ya sean contratos, favores o embutidos.
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Donald Trump se burla de las orejas del jefe de la NASA Jared Isaacman, tras una pregunta de los periodistas. «El mejor para contárselo es el hombre que está de pie justo ahí. ¿Escuchaste esa pregunta con las orejas tan bonitas que tienes? Tiene un oído estupendo, ¿Sabes? Tiene un superoído». Inmediatamente pensé que lo podría soltar mi madre, que solo tiene algún año más que Trump, y a la que daría igual, por si alguien la excusa, ser la presidenta de los EEUU. El comentario de Trump es el de un señor de 80 años que habla sin filtro. Lo raro sería que se comportara como uno de 40 que, en el caso de Trump, dudo que fuera mejor.
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