

























Nota bene
Aquellos viajes, intento fallido de reencantamiento del mundo, fueron un ep�logo y no el pr�logo anunciado: ni bases lunares ni vacaciones en Marte ni sobrevuelos de Venus

Imagen captada por la tripulaci�n del Artemis II.AP
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Como ando de viaje, env�o la columna sin saber si los cuatro astronautas han vuelto de su garbeo lunar sanos y salvos. El nombre de su misi�n est� bien puesto: en la mitolog�a griega, Artemisa es diosa de la Luna y hermana gemela de aquel Apolo que dio nombre a las primeras misiones tripuladas al sat�lite. Artemisa es tambi�n diosa de la caza. �Qu� ha salido a cazar esta vez Artemisa? Por de pronto, nuestra atenci�n, tristemente entretenida con la balacera iran�. Para m�, lo m�s sugerente de las informaciones sobre Artemis II es la dificultad para descubrir una finalidad pr�ctica a la peripecia, al parecer un ensayo general para expediciones futuras, acaso igual de ociosas. Bien est�. La humanidad necesita de cuando en cuando salir a estirar las piernas fuera de la atm�sfera. Y aunque sabemos que detr�s de Artemis est� la rivalidad mim�tica de Estados Unidos con China, como detr�s de Apolo estuvo la rivalidad mim�tica con la Uni�n Sovi�tica, prefiero pensar que si hemos vuelto a la Luna ha sido por la misma raz�n por la que Petrarca dijo, en el m�s bello lat�n, haber subido al monte Ventoso: Sola videndi cupiditate ductus, llevado s�lo por el deseo de ver. Aquella ascensi�n del a�o 1336 se suele considerar el inicio del alpinismo, y todo alpinista sabe que en la cumbre fr�a y pelada de las monta�as no espera nada particularmente �til o excitante, que la cumbre es solo el pretexto para emprender la subida, por ardua y peligrosa que sea; o mejor: porque es ardua y peligrosa. Hace unos a�os, el columnista conservador Ross Douthat propuso en su libro La sociedad decadente que el abandono de la exploraci�n espacial hace medio siglo marc� el inicio de la esclerosis moral y pol�tica de las sociedades occidentales. La tesis es pegadiza. Aquellos viajes, intento fallido de reencantamiento del mundo, fueron un ep�logo y no el pr�logo anunciado: ni bases lunares ni vacaciones en Marte ni sobrevuelos de Venus. �Ment�as, Neil Armstrong! El viaje a la Luna, fertilizador de la imaginaci�n humana de Luciano de Samosata a Julio Verne, termin� con un �spero moh�n de aburrimiento. Fuimos, vimos y volvimos, y creo que Douthat acierta al suponer que ese viaje de regreso lastra desde entonces nuestro �nimo. Petrarca, por cierto, tambi�n volvi� un tanto desenga�ado de su excursi�n, decidido a ocuparse en adelante de las cosas del esp�ritu. Veremos si a Artemisa le sigue el mismo hast�o o impotencia que sigui� a Apolo, pero es bueno saber que la escalera sigue donde la dejamos y tambi�n el amor por la aventura, como un lujo abandonado, es decir, disponible.
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