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Los maleducados de ahora
Pedro Simón · 2026-05-07 · via Columnistas

A simple vista

Lo mismo que hay men�s para cel�acos o restaurantes que admiten perros, debieran existir vagones habilitados exclusivamente para los que vamos leyendo en silencio a Tolstoi o a Paz Padilla

Una mujer lee una novela en el metro de Madrid.

Una mujer lee una novela en el metro de Madrid.

Actualizado

Audio generado con IA

De todas las heroicidades urbanas, acaso la m�s meritoria sea la de leer un libro hoy en d�a en lo que es la mayor sala de lecturas de la gran ciudad: el metro.

Lo mismo que hay men�s para cel�acos, plazas de aparcamiento para personas con discapacidad o restaurantes que admiten perros, debieran existir vagones habilitados �nica y exclusivamente para los que vamos leyendo en silencio a Tolstoi, a Paz Padilla, a Bazterrica o a Perico El de los Palotes sin meternos con nadie.

Antes de los tel�fonos m�viles, la gente le�a en el metro libros, peri�dicos de pago y gratuitos, apuntes de clase, el prospecto del Bisolv�n, yo qu� s�, frases que ten�an sus oraciones yuxtapuestas y sus subordinadas como Dios manda, sustantivos que ten�an todos sus acentos bien puestos. Hoy no. Hoy se lee Lol y se lee Holi. Se lee Tkm y se lee De chill. Se lee Servir co�o y se lee WTF... Hasta uno mismo se tiene que decir: �Venga, Pedro, aguanta, no toques el m�vil hasta Sainz de Baranda, que t� puedes�.

Resulta que se sienta a tu lado alguien que tambi�n va con un libro y como que le das con el codito en plan chispa personal. Una vez �ramos cuatro en la misma bancada y yo creo que dimos que hablar. Nos entraron ganas de poner un cartel como en el zoo, uno que dijera: �Se ruega no arrojar cacahuetes a los lectores�.

Leer una novela en el metro es como tratar de enhebrar una aguja subido a un toro mec�nico: te entretienes en el adem�n, vaya, pero la verdad es que te luce poco.

Est�n los que abren las piernas a tu lado como si sufrieran una inflamaci�n testicular y est�n los que irrumpen en el vag�n atestado con la mochila a la espalda lo mismo que R�diger en un c�rner, est�n los raperos que juegan a improvisar rimas con lo que ven (Dios perdone a los raperos que juegan a improvisar rimas con lo que ven) y luego est�n los peores de todos, los m�s nocivos, los m�s irreductibles, esa plaga que crece y crece sin remedio: el que saca el m�vil como si estuviera solo y lo escucha a toda pastilla sin auriculares. Lo mismo una conversaci�n con su abuela que un cap�tulo de la serie de moda. Lo mismo un tutorial de cocina que una de esas escenas con ca�das absurdas en la que suenan muchas risas.

El se�or con la discom�vil. Y t� all�, con tu librico.

Una vez me encar� con una de esas b�rbaras y saqu� mi Samsung como quien saca el Colt. Puse lo primero que me sali� en Spotify. Acerqu� un poco el m�vil a su cara. Me mir� como si yo estuviera mal de la cabeza. Me encog� de hombros, como diciendo �y ahora qu�, eh�, �qu� pasar�a si todos hici�ramos lo que t��. Sigui� a la suyo. Volv� a lo m�o.

Debe de ser que, con los a�os, uno no puede con la mala educaci�n. O al menos con los maleducados de ahora. Porque se puede ser un grosero ejemplar. Como Borges, vaya. Una vez lo llamaron por tel�fono de la Casa Rusa en Buenos Aires para que acudiera a un homenaje a Dostoievski. El escritor fue. Era una mesa redonda y all� estaba hasta el embajador ruso. Cuando le toc� hablar, dijo con muy mala educaci�n: �Como a m� Dostoievski no me gusta, voy a hablar de Dante�. Y de Dante habl�.