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A diferencia de arrepentido, la palabra traidor se�ala, con elegancia y sin derrapes, la existencia de una banda. Y el imprescindible correlato: que da asco por los dos lados

El empresario V�ctor de Aldama, a su llegada a la sede del Tribunal Supremo.EFE
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Estos dos criminales, B�rcenas y Aldama —este no ha sido sentenciado, pero ya ha confesado sus delitos—, gozan de una indiscutible buena prensa. No hay m�s que ver c�mo al noble Aldama incluso le respetan el de. Es comprensible. Detr�s de las exclusivas period�sticas hay m�s canallas que hombres de bien. Y tambi�n detr�s de las condenas. La verdad requiere soportar, a veces, este tipo de hombres, la arrogancia creciente con la que se pasean por peri�dicos y plat�s, y hasta la superioridad moral que proyectan sobre los que anteayer eran sus c�mplices. La verdad justifica la n�usea, pero es obligatorio manejar de modo profil�ctico lo que sale de la boca de estos tipos. Evidentemente algo de lo que cuentan es cierto, pero su abuso de autoridad es igualmente manifiesto. Dealdama pasa de ser el comisionista corrupto al militante comprometido en la causa de acabar con Pedro S�nchez. Y es as� que algunos medios lo celebran, otorgando el mismo cr�dito al detalle de sus burocracias corruptas que a su declaraci�n de que S�nchez era el jefe de la banda. Es lo que tiene decir la verdad: permite luego mentir con embriagadora soltura.
La Italia de mani pulite institucionaliz� la figura del arrepentido, pentito, que tiene ra�ces incluso inquisitoriales. Es una palabra de parte: el sistema judicial necesitaba neutralizar moralmente al colaborador para poder usarlo. Y es una palabra problem�tica. Yo no he o�do formular a�n ni a B�rcenas ni a Dealdama la primera cl�usula del arrepentimiento, que es el compromiso de no volver a hacerlo. Es verdad que no los escucho demasiado, pero no me consta. Tampoco es que yo le d� gran valor a semejantes golpes de pecho: el arrepentimiento est� bien de precio. Y en algunos casos hasta el no arrepentimiento: si los delincuentes nacionalistas galleaban que lo volver�an a hacer es porque sab�an, tan catalanes, que nunca m�s podr�an hacerlo. Al pentito italiano sus c�mplices lo llamaban infame, una palabra con m�s filo que su hom�loga espa�ola, y que defin�a al que hab�a roto l'omert�. El espa�ol no ha generado un t�rmino correspondiente. He visto en alguna cr�nica colegial como a Dealdama lo llamaban chivato. Ya debe de estar al salir pill�n. La palabra arrepentido permite construir una narrativa de redenci�n y solo define una emoci�n particular. Como siempre, prefiero lo objetivo. El traidor B�rcenas. El traidor Aldama. Entre otras razones, porque, a diferencia de arrepentido, la palabra traidor se�ala, con elegancia y sin derrapes, la existencia de una banda. Y el imprescindible correlato: que da asco por los dos lados.


























