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M�xico no exist�a; Espa�a tampoco
Joaquim Coll · 2026-05-16 · via Columnistas

Sin acritud

La historia no tiene los bordes limpios que necesita la propaganda

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum.AP Photo

Actualizado

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El viaje de D�az Ayuso a M�xico ha reavivado la pol�mica sobre la conquista. Frente al ruido, conviene recordar que ni M�xico ni Espa�a exist�an en 1521. En el territorio mesoamericano coexist�an m�ltiples pueblos y se�or�os ind�genas, entre ellos la confederaci�n mexica encabezada por Tenochtitl�n, que hab�a construido un poder imperial basado en tributos, expansi�n militar y sacrificios humanos. Al otro lado del Atl�ntico, la monarqu�a de Carlos I era una uni�n de reinos con leyes e instituciones propias, muy distinta del Estado-naci�n espa�ol que surgir�a siglos despu�s.

Incluso el nombre del Virreinato de Nueva Espa�a (1535), genera confusi�n. Parece sugerir que �Espa�a� ya exist�a como unidad pol�tica, cuando el t�rmino era entonces una referencia geogr�fica: la designaci�n de los reinos que compart�an una herencia cultural y religiosa com�n. Aquel virreinato era �nuevo� precisamente porque extend�a la soberan�a de la Corona de Castilla a territorios desconocidos, no porque proyectara una �Espa�a� ya formada.

La ca�da de Tenochtitl�n tampoco puede explicarse como una simple invasi�n extranjera. Cort�s cont� con el apoyo decisivo de miles de tlaxcaltecas, texcocanos y otros pueblos que buscaban liberarse del dominio mexica. Sin esas alianzas, la conquista habr�a sido imposible. El imperio que surgi� no fue �nicamente una estructura de dominaci�n militar: en 1551, la Corona fundaba en Ciudad de M�xico la primera universidad del continente americano. Tambi�n prohibi� la esclavitud y el sacrificio humano en 1542. Nada de esto cancela la violencia y los abusos del dominio espa�ol.

Ese rigor es precisamente lo que falta cuando Claudia Sheinbaum exige disculpas reiteradas. Esas peticiones no van dirigidas al pasado, sino al presente: son un recurso para desviar la atenci�n de los enormes problemas de violencia e impunidad que asolan el M�xico actual. Resulta llamativo, adem�s, que esa demanda se formule en castellano, la lengua que la propia conquista dej� como herencia y que dio cohesi�n nacional al pa�s. La independencia de 1810-1821 no fue una revoluci�n ind�gena sino criolla: una �lite que expuls� a Espa�a para quedarse con su herencia.

La historia no tiene los bordes limpios que necesita la propaganda. De aquel choque naci� algo que sigue vivo: una lengua y una civilizaci�n mestiza. Espa�a y M�xico no exist�an en 1521. Pero s� existen hoy, y son el resultado de ese encuentro.