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La grandeza descalza: vida y ejemplo de Cayetana de Alba
Jorge Bustos · 2026-04-18 · via Columnistas

Actualizado Viernes, 17 abril 2026 - 22:48

La aristocracia de la sangre conserva en sus mejores ejemplos un sentido moral que escapa a las sensibilidades m�s vulgares -que no tienen por qu� ser las m�s democr�ticas- y que se resume en el c�lebre adagio de dos palabras: nobleza obliga. La distinci�n que las comunidades humanas han otorgado al apellido tiene ra�ces en las obras: un coraje excepcional demostrado hace siglos en el campo de batalla, o la abnegaci�n de una vida de servicio a los dem�s, o incluso el primer Mundial ganado por tu selecci�n.

De modo que el linaje se funda en esa meritocracia originaria que reclama aquella sentencia cervantina seg�n la cual no es un hombre m�s que otro si no hace m�s que otro. No por nada escogi� aquella cita Felipe VI en el discurso de su proclamaci�n ante las Cortes. Por esa necesidad de ejemplaridad de la especie preservamos la memoria de los mejores mediante el reconocimiento institucional que significa un t�tulo.

La duquesa de todos, el documental producido por �bside Media sobre Cayetana de Alba, viene a renovar la vigencia de ese sentido pr�stino de nobleza que trasciende lo patrimonial y folcl�rico para reivindicar una condici�n espiritual. Tradicional y moderna, se�orial y gitana, la vida de la heredera �nica del ducado m�s glorioso de Espa�a ilustra como ninguna otra la obligaci�n de estar a la altura de una familia imbricada en la historia de un imperio. Y sin embargo ella encontr� la manera de conducir a la aristocracia por la senda popular.

Hablamos de una mujer que naci� hace 100 a�os bajo el peso de una her�ldica infinita: 18 veces grande de Espa�a, 47 t�tulos nobiliarios, la noble m�s noble del planeta. M�s que sangre azul, por sus venas le corr�a lapisl�zuli licuado. Reci�n parida, el doctor Mara��n le tom� el pulso. Fue bautizada en el Palacio Real, con Alfonso XIII y Victoria Eugenia de padrinos. Aprendi� a esquiar en Suiza antes que a andar. Sus juguetes fueron las ruinas de la Acr�polis y del Valle de los Reyes. Su retrato de infancia, subida al poni Tommy, lo pint� Zuloaga. Cuando alcanz� la adolescencia y Franco quiso poner de largo a su hija Carmen junto a la heredera de los Alba, el duque Jacobo intervino: "General, todav�a hay clases".

El instante crucial en la vida de un arist�crata se produce cuando toma conciencia de que lo es: muchos reaccionan como se�oritos de mierda y contaminan su sangre para siempre. Cayetana decidi� sacarse el carn� y acudir dos veces por semana al volante de su Seat al colegio de los salesianos en plena posguerra para servir sopa en el comedor infantil. La conciencia de haber tenido m�s suerte que los dem�s la impulsaba a compensaciones espl�ndidas. A su muerte, 80.000 ciudadanos -de la realeza al lumpen- desfilaron por su capilla ardiente para agradecerle la operaci�n de una madre o la silla de ruedas de una hija. Pero su grandeza consisti� en llevarse esos secretos a la tumba.

Sus amores llenar�an bosques geneal�gicos (alguno firm� en esta misma p�gina), pero encontr� al padre de sus hijos en Luis Mart�nez de Irujo: caballero a la vieja usanza. El Palacio de Liria, destruido durante la guerra civil y reconstruido amorosamente durante a�os, fue reabierto como centro de cultura global: Ortega y Gasset, Yves Saint Laurent, Jackie Kennedy, Rita Hayworth, Vittorio de Sica, Nijinsky, Ord��ez, Heidegger, Audrey Hepburn pasaron por all�. Cayetana se puso a pintar, claro, aunque su verdadero talento siempre fue el de bailaora.

La muerte del padre y del esposo la sumieron en depresiones de las que sali� siempre de la misma manera: por Sevilla. Sevilla como terapia y reencuentro infalible con las ganas de vivir, que es adaptarse. Se cas� con un cura exclaustrado, ep�tome del progresismo setentero. Se fueron distanciando porque Aguirre quiso ser m�s duque que ella: �l se qued� en Liria, ella se refugi� en Due�as, pero dej� la puerta abierta a las causas que vinieran a tocar, empezando por la primera financiaci�n de la esclerosis m�ltiple.

Cuando la biograf�a parec�a hecha se reinvent�. Con el permiso del Rey y del Papa -eso s�-, se cas� de nuevo a los 84 a�os y bail� descalza ante el mundo antes de salir a recorrerlo otra vez: Siria, Tailandia, Egipto, Sicilia, Jordania.

El lema de la Casa del Infantado dice as�: "Dar es se�or�o, recibir es servidumbre". Seg�n explica Cayetano Mart�nez de Irujo en el documental, su madre reformul� el lema adapt�ndolo a nuestro tiempo: "Las cosas se hacen, pero no se dicen". Y en eso exactamente consiste la grandeza.