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Espa�a puede explicarse con una excursi�n al tri�ngulo de nuestra era. La Reina Letizia, en el papel de Don Juan Carlos I, Sarah Santaolalla, en el papel de Bel�n Esteban, y la heredera al trono, la Princesa Leonor, abanderada de la generaci�n politolog�a

Leonor abraza a Letizia en el juramento de la Constituci�nPOOL
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ESPA�A, a 29 de abril de 2026, puede explicarse con una excursi�n al tri�ngulo de nuestro tiempo. Los tres v�rtices son la Reina Letizia, en el papel de Don Juan Carlos I, Sarah Santaolalla, en el papel de Bel�n Esteban, y la heredera al trono, la princesa Leonor, abanderada de la generaci�n politolog�a. La Princesa Leonor es la primera parada. Su padre, el Rey Felipe VI, marc� un hito est�tico que captur� el esp�ritu de la d�cada de los 90 al liderar la expedici�n ol�mpica en Barcelona. Leonor, al matricularse para estudiar Ciencias Pol�ticas en la Carlos III, resume la obsesi�n del pa�s por desgranar la pol�tica, paralizado por el lema Lo Personal Es Pol�tico. Hasta la heredera de los Borbones, sobre la que recae un legado de siglos, necesita ser aleccionada por la �lite del talante cient�fico, de la Espa�a literal, sobre su destino. Leonor es otra funcionaria en un pa�s convertido en transbordador de funcionarios. Ahora debe justificar su puesto con formaci�n, convirti�ndose en la primera interina colocada en lo m�s alto de la cadena tr�fica. Leonor, como primera funcionaria, reinar� un pa�s dividido en dos castas: los empleados p�blicos y los otros.
Por el v�rtice m�s cercano a Leonor se llega a la Reina Letizia, la sustituta de Juan Carlos I. Espa�a siempre ha estado hipnotizada por los prestidigitadores de idiomas. El pa�s lleva en el salpicadero el B1 con la leyenda yo conduzco, �l me gu�a. Letizia ofrece un suced�neo saludable a la campechan�a al congregar partidarios alrededor de los discursos y su colecci�n de lenguas. La Reina funciona como elixir de los agn�sticos de la monarqu�a, que encuentran ah� un placer culpable como los que dec�an ver S�lvame por su realizaci�n experimental. Los juancarlistas cayeron en el mismo hechizo. Letizia, adem�s, tiene permitido trasladar la Casa Real hasta sus aficiones. Juan Carlos la puso en los toros, la caza y el compadreo, Letizia la ha llevado a rodajes de pel�culas, a Malasa�a y a los periodistas. Destacar su habilidad para hablar como si fuera una extraterrestre se debe a que la sociedad est� sepultada por toneladas de scroll. No hay una respuesta al malestar entre tanto ruido. Por eso, cuando Letizia habla la cacofon�a se detiene: escucha el silencio igual que lo escuch� Iniesta al marcar el gol.
Sarah Santaolalla ocupa el v�rtice m�s lejano como tertuliana del pueblo. Tiene a su Jesul�n de Ubrique, resucit� la naturalidad como cualidad profesional y es un personaje de las historias que cuenta. Va dopada con un toque Only Fans, la mosquitera que atrapa a sus odiadores.
Y usted est� aqu� en medio, sin entender nada. Ya lo s�.























