La econom�a urgente
Salarios
S�lo ponerlo en la mesa es ya de mal gusto. Detr�s de esta opacidad se esconde un sentimiento primitivo: la verg�enza

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda D�azEFE
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Ni el sexo ni la salud mental. El gran tab� de la sociedad espa�ola son los salarios. Los m�s abiertos pueden estar dispuestos a hablar con un amigo de sus m�s profundas intimidades o de sus pesares psicol�gicos, pero incluso a ellos les incomoda hablar de cu�nto ganan. No sabemos lo que ingresan nuestros hermanos ni por supuesto nuestros padres.
S�lo ponerlo sobre la mesa es ya de mal gusto. Detr�s de esta opacidad se esconde un sentimiento primitivo: la verg�enza. Cuando hablamos con quien sospechamos que gana m�s que nosotros, es el miedo a que nos mire por encima del hombro o sienta compasi�n; cuando es con los que seguro que ganan menos, para que no nos envidien.
Si se analiza el fen�meno dentro de una misma empresa, la opacidad de los trabajadores crece exponencialmente, algo que les perjudica directamente a ellos y de lo que se han beneficiado hist�ricamente las compa��as. La informaci�n es poder. Cualquier redactor de este peri�dico se quejar�a si un compa�ero de secci�n con la misma experiencia y aparentemente las mismas funciones que �l cobra varios miles de euros m�s. A d�a de hoy, ojos que no ven, coraz�n que no siente.
Pero todo esto est� a punto de cambiar. En menos de un mes se acaba el plazo para que los pa�ses de la UE traspongan una directiva que va a imponer la transparencia en materia retributiva. Los trabajadores, o en su defecto sus representantes, van a poder conocer cu�nto cobra cada qui�n, si se dan situaciones de desigualdad y cu�les son los motivos que las justifican. Las empresas, adem�s de lidiar con el clima que esta revelaci�n de secretos va a producir, tendr�n que justificar muy bien las diferencias salariales entre sus empleados y, en caso de no poder hacerlo, deber�n igualar y ordenar su esquema de retribuciones.
Las ofertas de trabajo tambi�n deber�n incluir informaci�n sobre el sueldo, algo que por ahora s�lo hace una de cada cinco.
Puede ser el principio del fin de esa gran oscuridad que impera en las relaciones laborales en Espa�a y de ese pesado tab� que va en contra de los propios trabajadores. Qui�n sabe si en la pr�xima cena de Nochebuena ser� el tema de conversaci�n con los cu�ados.
















