Me escandaliza lo de los cuatro millones cuatrocientos mil en dos años por asesorar, un millón trescientos mil en joyas, medio millón por maquetar

Una de las hijas del ex presidente Zapatero.EFE
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«Los que ocupan los asientos baratos pueden aplaudir, los de los palcos que sacudan sus joyas». John Lennon se burló así de la reina madre y la princesa Margarita, que asistieron al concierto de Los Beatles en Londres en 1963. Es una anécdota muy celebrada en mi generación. Contra las joyas y las pieles como símbolo de ostentación y de prueba de clase social de 18 kilates. Tampoco teníamos un duro, así que igual daba que nos gustaran, o no, las joyas,
A mi madre sí le gustaban. Pero como en casa no había ni la más remota posibilidad de adquirirlas con la actividad de mi padre, ella se buscaba la vida. Vendía manzanas, castañas, peras y nueces que ella misma recogía de los árboles cuando daban los frutos, limpiaba la escuela del pueblo y daba tratamiento de tesoro hallado a cualquier otro ingreso no previsto. Guardaba el dinero en los bolsillos de la ropa de los armarios y, cuando tenía lo suficiente, iba a la joyería. En total, atesoró una medalla grande de la Virgen Niña con su cadena, una pulsera con cuatro medallas colgando con el horóscopo de los cuatro de familia -llevo al cuello la mía y la suya-, un reloj de oro y dos anillos de oro y piedras no muy valiosas. Mi madre escondía todo eso como oro en paño. Literalmente. En un pequeño estuche de paño oculto en el lugar más escondido del armario. Lo conservo 29 años después de su muerte. Sólo uso la medalla grande de la Virgen Niña con la fecha grabada del día que se casaron mis padres en las bodas familiares o cuando me dan un premio.
En mi memoria sólo existen dos bofetadas que mi madre me dio cuando era pequeña. La primera fue cuando perdí el anillo de la comunión. Me riñó y me dijo que fuera responsable con las cosas que cuestan dinero. A tu padre le cuesta mucho ganarlo.
Por estas y otras cosas, tengo espíritu de pobre. Hace días en La Vanguardia, Begoña Gómez Urzaiz escribía sobre la mentalidad de pobre. Citaba unas declaraciones del presidente del Banco de Sabadell a la revista New York sobre la tragedia de la familia Andic. «Si te fijas en la policía, tienen un sueldo bajo. Si piensas en el juez, que tiene un sueldo bajo, lo único que pueden pensar es: si yo fuera el heredero, quizá lo haría. Pero no tiene ningún sentido». Esto es el espíritu de rico.
Tengo un sueldo por encima de la media, llevo trabajando toda mi vida y no compro joyas porque no puedo. Y por John Lennon. Me escandalizan las cantidades de cuatro millones cuatrocientos mil en dos años por intermediar y asesorar, un millón trescientos mil en joyas, medio millón por maquetar. Al espíritu de pobre tengo que sumar cara de idiota.




















