Los 40 y tantos golpes
En este siglo la burguesia se hace progre y la clase trabajadora ve el populismo como �ltima esperanza. Hasta Homer Simpson se ha hecho trumpista

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Taxistas de derechas, profesores universitarios de izquierdas. Electricistas de Vox, inspectores de Hacienda de Sumar. Camareros que votan a Alvise, ingenieros aerona�ticos que prefieren a S�nchez que a Feij�o. El cintur�n azul conquista el barrio obrero y las tamaras rojas van en coche el�ctrico. Hoy Villa de Vallecas es ayusista y l'Eixample vota socialista.
La palabra brooklynizaci�n se usa en EEUU para definir el fen�meno de la mudanza de hijos de las rentas altas de Manhattan a Brooklyn, anta�o distrito modesto de Nueva York, abandonando las zonas pijas de siempre. Esta gentrificaci�n de clase social e ideario pol�tico en Madrid se define como izquierda malasa�era, un santuario m�s metaf�rico que per�metro concreto de alquileres de lujo habitados por j�venes con pasta y gusto multicultural que han sustituido la taberna por caf� de col�geno y el bocata de oreja por batidos a precio de marta cibelina.
Dice Yasha Mounk, el polit�logo que antes supo ver la llegada del populismo, que la burgues�a est� cambiando de bando, que se ha balanceado en pocas d�cadas de la derecha de toda la vida a la izquierda, y que las �lites piensan cada vez de forma m�s homog�nea, lo que adormece el debate de ideas. La homogeneidad no es m�s que conformidad con bufanda de marca y un sonajero que te gu�a hasta la estupidez. En los mejores colegios, universidades y grupos de amigos se tiene la misma visi�n de las cosas. Un pensamiento �nico y aburrido.
El populismo deja un rastro sociol�gico disparatado en el que la gente renuncia a sus or�genes de casta. La tradici�n obrera y sindical afronta los desaires de la globalizaci�n con nacionalismo y sue�a con aranceles, mientras que la clase media-alta pide subir los impuestos, defiende al inmigrante y tiene conciencia ecologista.
Estudios en EEUU plasman bien esta oscilaci�n del puls�metro del ideario. Basta un ejemplo que gusta a Mounk. En 1989, cuando Los Simpson empez� a emitirse en la televisi�n, el personaje de Homer -trabajador poco cualificado de una central nuclear- es muy factible que votara a los dem�cratas y que Ned Flanders, su vecino compasivo y cristiano devoto, fuera un republicano tradicional. �A qui�nes votar�an los Simpson en 2026? Todos sabemos que Homer ser�a trumpista.
En Espa�a, el perfil del votante de Vox es un hombre joven de ciudad mediana de provincias, mientras que los electores de izquierdas corresponden en su mayor�a, seg�n el CIS, a una franja de edad que oscila desde los 65 hasta los 74 a�os. El protagonismo populista -de Abascal a Irene Montero pasando por Alvise- viene de la frustraci�n de quienes no se sienten representados. En eso la extrema derecha toma ventaja: j�venes y clase trabajadora sienten que las �lites -m�s progresistas, propietarias de vivienda y con pensiones m�s altas que sus salarios- hipotecan el futuro de los m�s perjudicados y adquieren m�s peso en las decisiones. El pocos mandan sobre la mayor�a es una fuerza poderos�sima para levantar las horcas del cabreo. Y tambi�n peligrosa.




















