Margen de error
Cuando Vox habla de "prioridad nacional" no se refiere solo a fronteras, sino tambi�n al reparto de ayudas p�blicas

El l�der de Vox, Santiago Abascal.EFE
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El sistema ideol�gico que ha dominado Espa�a durante las �ltimas dos d�cadas empieza a resquebrajarse. Y eso no solo implica m�s fragmentaci�n o m�s ruido pol�tico: tambi�n abre espacio para combinaciones ideol�gicas que hasta hace poco parec�an imposibles. Cada semana muestro en esta columna diferencias ideol�gicas entre votantes: aborto, impuestos, inmigraci�n o religi�n. Pero lo importante no es que izquierda y derecha discrepen en esos temas, sino que las opiniones pol�ticas suelen venir en paquetes. Quien defiende el aborto sin restricciones suele aceptar una mayor presi�n fiscal; quien reclama pol�ticas migratorias m�s duras tiende a confiar m�s en la gesti�n privada.
La polarizaci�n no solo alej� posiciones; tambi�n reforz� la coherencia interna de cada bloque. El PSOE ha convertido esa l�gica en estrategia: el feminismo aparece ligado al ecologismo, la defensa de la sanidad p�blica o los derechos LGTBI. Y lo mismo ocurre en la derecha con inmigraci�n, seguridad o cr�tica fiscal. Como hemos visto en la campa�a andaluza, gran parte de la pol�tica actual consiste en repetir los mismos marcos.
Por suerte para el debate p�blico, esos bloques empiezan a agrietarse. En esta legislatura han aparecido discursos que mezclan posiciones antes incompatibles. Se ve, al menos, en dos ejemplos.
El primero es Vox. Su evoluci�n suele resumirse en la purga liberal y el giro hacia la inmigraci�n. Pero hay algo m�s profundo. Cuando Vox habla de "prioridad nacional" no se refiere solo a fronteras, sino tambi�n al reparto de ayudas p�blicas. En sus pactos con el PP est� llevando a la derecha a debatir qui�n merece protecci�n social. Vox empieza a combinar conservadurismo cultural y proteccionismo social, una mezcla in�dita en la pol�tica espa�ola reciente.
El otro ejemplo es la izquierda identitaria, especialmente Adelante Andaluc�a. Aqu� no cambia la ortodoxia econ�mica —el intervencionismo sigue intacto—, pero s� la cultural. La defensa de tradiciones populares, desde las romer�as hasta la Semana Santa, habr�a parecido hace solo unos a�os territorio prohibido para la izquierda.
Estos movimientos est�n ampliando los l�mites tradicionales de izquierda y derecha. No son todav�a mayoritarios, pero s� reveladores: muestran que la demanda pol�tica no siempre cabe en los viejos compartimentos ideol�gicos. Podr�an convertirse en el germen de una pol�tica menos r�gida y menos polarizada.




















