Trump, supuesto autor del «arte de la negociación», se ha estrellado contra la diplomacia persa
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El 28 de febrero, Trump sucumbió a Netanyahu y se dejó arrastrar a una guerra contra Irán. El objetivo era derrocar al régimen de los ayatolás y acabar definitivamente con el programa nuclear iraní, que ha obsesionado a Netanyahu durante sus más de 18 años en el Gobierno.
Finalizadas las hostilidades, el acuerdo firmado entre Washington y Teherán, del que Tel Aviv, humillantemente, no es parte, refleja el rotundo fracaso de Trump y Netanyahu. Por un lado, se acepta el lenguaje iraní, que con todo cinismo «reafirma» que no tiene intención de desarrollar un programa nuclear. Por otro, Teherán solo se compromete a diluir el uranio enriquecido que posee, pero no a sacarlo del país, y difiere a un acuerdo posterior los demás aspectos sobre el futuro de ese programa.
El acuerdo contrasta vivamente con el que se firmó en 2015 entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia), Alemania y la UE, por el cual Irán envió el 98% de sus reservas de uranio enriquecido a Moscú, desmanteló más de 13.000 centrifugadoras y permitió la monitorización en tiempo real de sus instalaciones por la OIEA. Trump rompió ese acuerdo, firmado por Obama, en su primer mandato, lo que llevó a Irán a enriquecer 440 kilos de uranio con los que estaba en condiciones de producir, de forma muy rápida, entre seis y diez armas nucleares.
Ahora, la diplomacia persa ha logrado una gran victoria al comprometer a Israel, que no es parte del acuerdo, a no atacar al Líbano. Y lo ha hecho nada menos que en el primer punto del acuerdo, lo que le permite, como ya ha hecho, supeditar la apertura de Ormuz y las negociaciones sobre el programa nuclear al cumplimiento de esa cláusula.
Los iraníes saben que pedir contención a Netanyahu es un imposible metafísico y que seguirá atacando a Hizbulá, lo que les permitirá marear la perdiz y extender el plazo de 60 días que se han dado para concluir el acuerdo. Mientras, EEUU retirará su bloqueo naval, levantará las sanciones a Irán, le permitirá exportar petróleo y organizará un fondo de inversión de 300.000 millones de dólares para reconstruir Irán. Trump, supuesto autor del «arte de la negociación», se ha estrellado contra la diplomacia persa, que le obliga a disciplinar a Netanyahu, colocado ahora en el foco como enemigo de la paz. Teherán, mientras tanto, se permite el lujo de parecer magnánimo.




















