El �ltimo esca�o

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No me acaba convencer la tesis de un supuesto revival cat�lico, especialmente entre los j�venes occidentales y sus expresiones en la cultura pop: el llamado cristiancore. Casos como los de Rosal�a, con iconograf�a religiosa, referencias a Dios y est�tica de monja en su �ltimo trabajo; la pel�cula Los domingos o el grupo Hakuna -cayetanos kumbay�- palidecen como meras an�cdotas o modas est�ticas, igual que ocurre con el auge de la meditaci�n zen o el yoga, cuando sales a la calle y ves que todo el mundo vive todo el tiempo en las pantallas de sus tel�fonos. En lo que es un ejercicio cotidiano de culto a la nueva religi�n del siglo XXI: la tecnolog�a y el espacio digital.
Esta s�, una devoci�n global, hegem�nica y transversal -adictiva, al fomentar el consumo constante y el onanismo narcisista-, y que est� construyendo su propia metaf�sica: el misterio del algoritmo, la promesa de salvaci�n (inmortalidad, transhumanismo), la omnisciencia (la inteligencia artificial) y la omnipresencia (las redes sociales). Adem�s, esta religi�n digital ya tiene sus propios ap�stoles: algunos integrados o tecnout�picos, como Altman, de ChatGPT, que presenta la inteligencia artificial como un desarrollo inevitable y beneficioso para el progreso universal: otros m�s apocal�pticos, como Karp, de Palantir, quien en Rep�blica Tecnol�gica esboza un nuevo orden donde el Estado se transforma en una filial de su propia infraestructura digital, vaciada de soberan�a y de todo su sentido democr�tico. El inicio del posliberalismo tecnol�gico.
Hasta hace poco, algunos defensores del regreso del catolicismo celebraban la victoria de Trump como el inicio de una nueva ola conservadora de ra�z cristiana y anti woke. Sin embargo, toda la iconograf�a y el discurso teol�gico del trumpismo -con Vance y Rubio como referentes cat�licos, y el evangelista Hegseth presentando Ir�n como una guerra santa- se desmoron� tras sus ataques y burlas blasfemas contra el Papa Le�n.
Qued� entonces clara la hipocres�a del trumpismo: utilizar la religi�n como coartada moral y est�tica para su agenda pol�tica, igual que lo hace el islamismo de la Guardia Revolucionaria, Putin con el nacionalcatolicismo ortodoxo o Netanyahu con el sionismo mesi�nico. Cuatro integrismos que, pese a sus diferencias, coinciden entre ellos, y con los gur�s autoritarios de la religi�n tecnol�gica, en lo esencial: una pulsi�n nihilista que aboga por arrasar el viejo orden democr�tico -sus instituciones y normas compartidas- para construir sobre las ruinas de esa civilizaci�n otra realidad a su medida.

























