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Espa�a se ha convertido en un pa�s que importa m�s de medio mill�n de inmigrantes al a�o ante el declive demogr�fico

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Seg�n el INE, en 2022 llegaron a nuestro pa�s 727.005 extranjeros. En 2023, 642.296. Y en 2024, 626.268. No encuentro cifras para 2025, aunque es posible que se superen estos n�meros. Desconozco, tambi�n, si estos se hacen sobre el padr�n municipal o sobre personas regularizadas. Como consecuencia de esta llegada de inmigrantes, Espa�a sobrepasa ahora los 49 millones de habitantes y Eurostat apunta a que en 2050 llegar� a los 60 millones, adelantando a Italia. El Gobierno que coquete� con el decrecimiento ha descubierto la abundancia y descartado que nuestro pa�s tenga ahora l�mites ecol�gicos cuyo desbordamiento pondr�a en riesgo la vida colectiva. Crece el PIB, crecen los afiliados a la Seguridad Social y crece el empleo a velocidad de v�rtigo.
Espa�a ha conocido muchas innovaciones institucionales en su historia. Fuimos un reino con dos coronas y una corona en dos hemisferios. Tambi�n, dicen, un imperio. Durante el siglo XIX no innovamos mucho, nos limitamos a copiar otras experiencias europeas. El siglo XX trajo una Constituci�n republicana descollante y un adefesio jur�dico aut�rquico, el franquismo. Y, por fin, la Transici�n inaugur� una nueva forma de llegar a la democracia que ha sido copiada en otros pa�ses. Llegados al siglo XXI nos encontramos con otra invenci�n notable: el Estado universal. Sobrepasando las ilusiones m�s cosmopolitas de Kant, Espa�a se ha convertido en un pa�s que importa m�s de medio mill�n de inmigrantes al a�o ante el declive demogr�fico. La frontera ha pasado a ser, de momento, un dato irrelevante.
Esta mutaci�n constitucional se ha hecho por el simple expediente de una Ley de Memoria Democr�tica, un Real Decreto del Gobierno de regularizaci�n y la inaplicaci�n flagrante de la Ley de Extranjer�a. Los aguafiestas apuntan problemas materiales: aumento del precio de la vivienda y presi�n sobre servicios p�blicos. Pero olvidan un problema fundamental: el pol�tico. �Es posible gobernar una sociedad multicultural cuando las premisas democr�ticas se pensaron para una sociedad moderadamente diversa? �Puede existir la redistribuci�n entre personas que dejan de reconocerse? �Tendremos que renunciar a la secularizaci�n? Las tensiones aumentar�n al ritmo de las preguntas que queden sin contestar.




















