La legislación que prepara el Reino Unido comparte la preocupación con las redes de ‘Toy Story 5’, pero su solución es muy distinta

Fotograma de la película 'Toy Story 5'.
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Siempre ha habido debates sobre si un nuevo medio aniquilaría nuestra forma de vida: Theodor Adorno creía que la radio convertía la música en una presencia invasiva, y Platón pensaba que la escritura desvirtuaba la palabra. "Los juguetes sirven para jugar, pero la tecnología sirve para todo", dice un resignado Woody en Toy Story 5, donde los muñecos tradicionales se ven relegados por Lilypad, una tablet con forma de rana e "ideas disruptivas" sobre lo que conviene a los niños.
No es un filme anti-pantallas, sino una reflexión sobre la crisis de la infancia que habíamos conocido. La regulación que prepara el Reino Unido, dispuesto a prohibir algunas redes sociales a los menores de 16 años, comparte la misma preocupación, pero busca una solución muy distinta: en Toy Story 5, el conflicto se resuelve en familia -de forma algo ilusa, según ciertas críticas-, mientras que la legislación británica anuncia un cambio estructural.
Muchos jóvenes aprueban que se pongan límites, pero no entienden que los castigados sean ellos. La adicción al scroll no es su única motivación: también encuentran amigos, pertenencia a una comunidad o compañeros que están atravesando una misma enfermedad y en quienes descubren un preciado apoyo.
Además, el debate llega tarde. Para la industria, oportunamente tarde. La última revolución no depende del ruido que generan las redes, sino del intercambio íntimo y personalizado al que invitan los chatbots. Pese a sus innegables peligros y abusos, la web de las redes y los blogs aún ofrece genuinas posibilidades de encuentro que la IA conversacional elude. Frenar la vorágine resulta hoy liberador, pero el solipsismo también tiene riesgos.
Quizá el Estado británico, ensimismado en su propia decadencia, no recuerde que tiene una plataforma que ha sabido adaptarse a sucesivas revoluciones mediáticas -desde la radio hasta las webs multimedia, pasando por la televisión y las series- y que suma más de un siglo impulsando contenidos que han entretenido, educado e incluso cambiado la vida a millones de jóvenes, no solo británicos: la BBC.
Platón y Adorno tenían razón en parte: algunos textos se nos presentan como dogmas grabados en piedra, y la calidad del sonido condiciona la experiencia musical. La tecnología importa, no es inocente. Pero la respuesta de la BBC nunca fue debatir en abstracto si la radio o la tele eran buenas o malas, sino producir obras y formatos -Monty Python, John Peel, The Office...- que llevaron a estos medios a la excelencia.























