Por otra parte
Que tomen nota en otros pa�ses. La derrota de Orban lo es tambi�n la de sus admiradores, con Abascal a la cabeza, y la de sus admirados Putin, Trump y Xi

Donald Trump se�ala al primer ministro h�ngaro Viktor Orban.AP
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No hac�a falta mencionar su nombre. En cualquier foro europeo, desde un Consejo de Ministros a un encuentro de asesores o funcionarios, todos sab�an qui�n pon�a, una vez tras otra, la piedra en el zapato para dificultar el ya de por s� lento caminar de la Uni�n Europea. En lenguaje tan coloquial como preciso, la Hungr�a de Orban ha sido la mosca cojonera de Europa desde que consigui� volver al poder en 2010. Lo consigui� tras abandonar su perfil de pol�tico conservador, liberal y europe�sta para reivindicarse como el referente de la derecha m�s radicalizada. Orban, al frente durante 16 a�os de un pa�s de menos de diez millones de habitantes, ha sido el gran ejemplo a seguir por los l�deres populistas de la ultraderecha. Un aut�ntico �dolo para Santiago Abascal, que ayer lamentaba la ca�da de alguien que deja "una honda huella en todas las fuerzas patriotas de Europa".
La derrota de Viktor Orban es una gran victoria para una UE que ha ido acumulando varapalos desde que David Cameron lanz� el insensato �rdago -que perdi�- del Brexit. Cuando m�s necesitada ha estado Europa de ser esa Uni�n afectada por la salida de uno de sus principales socios, por el gran reto de la inmigraci�n, por la pandemia, por encontrase con una guerra junto a sus fronteras y por la presi�n del �amigo� americano, el continuo desaf�o h�ngaro ha sido un escollo recurrente. Orban proclam� su "democracia iliberal" para contravenir con leyes internas principios y valores b�sicos de la UE. Modific� el sistema electoral, ajust� a su medida el poder judicial, acab� con la libertad de prensa o se dedic� a perseguir la homosexualidad. Despu�s pas� a utilizar su derecho a veto en Bruselas para torpedear directivas y leyes en materia de refugiados e inmigraci�n y, sobre todo, para limitar el apoyo militar a Ucrania y las sanciones a Rusia. Se ha hecho el mejor amigo de los enemigos de la UE y hasta se ha prestado a meterse como un caballo de Troya de Putin en las reuniones m�s reservadas.
La inocente y garantista Uni�n Europea no puede expulsar a un Estado miembro, s�lo puede dejar que se vaya. Ganas no le han faltado de quitarse de en medio a la Hungr�a de Orban, pero lo �nico que ha podido hacer es sortear sus vetos con remiendos. Puede que haya llegado el momento, como defienden muchos expertos, de acabar con ese buenismo europeo y modificar los tratados para poder echar al que quiere jugar a otra cosa. De abrir la puerta a los pol�ticos euroesc�pticos, para que quienes les voten sepan a lo que se exponen. Han sido este domingo los h�ngaros los que se han movilizado para quitarles el poder, han sumado votos para demostrar una vez m�s que el mejor ant�doto frente a los populismos es el sistema del que se aprovechan para crecer, la democracia. Que tomen nota en otros pa�ses. La derrota de Orban lo es tambi�n la de sus admiradores, con Abascal a la cabeza, y la de sus admirados Putin, Trump y Xi Jinping. No es la primera grieta para el avance de la ultraderecha, pero s� la m�s significativa. La siguiente gran cita para Europa, las presidenciales francesas.




























