Cambio de chip
Labubu
Ver a se�ores talluditos darse de leches delante de unos ni�os para poder revender un juguete es una decisi�n financiera como cualquier otra

Dos personas se hacen una foto en una tienda que vende peluches labubu.Getty
Actualizado
Audio generado con IA
No s� si recuerdan los labubu, unos peluches que son un horror de feos -no es opini�n, es parte de su encanto- que se pusieron de moda hace unos meses. La gracia, fealdad aparte, es que cuando alguien los compra no sabe cu�l le va a tocar y algunos son m�s dif�ciles de conseguir que otros. Tambi�n hay tiradas especiales, por lo que algunos mu�ecos alcanzan a�n m�s valor en el mercado secundario.
En la �poca de mayor fervor coleccionista se dispararon los precios, porque hubo quien ve�a en esto una forma de hacer dinero f�cil. S�lo hab�a que hacer noche y cola delante de una tienda, partirse la cara con los que hab�an hecho lo mismo, llevarse varias cajas y vender los peluches por el doble de lo que se hab�a pagado por ellos. O m�s. Hasta que pas� la moda y el precio se desplom�. Hace unos d�as alguien preguntaba en un foro c�mo se sent�a quien hab�a pagado morteradas por estos mu�ecos ahora que no val�an nada. Pero contestaron los que llevaban ah� desde el principio y estaban encantados: ahora que no hab�a especuladores pod�an volver a disfrutar de su afici�n.
Al juego de cartas coleccionables de Pok�mon le ocurre algo parecido: cada cierto tiempo se ven v�deos de se�ores talluditos d�ndose de leches delante de un ni�o aterrado que s�lo quer�a un Pikachu. Tambi�n cromos, c�mics o cartas Magic adoptan cada vez m�s este modelo de esconder versiones rar�simas entre su producto para atraer a gente ajena a su base de seguidores y que s�lo piensa en la reventa. Aunque es una estrategia cortoplacista que dif�cilmente se puede seguir orde�ando hasta el medio plazo, es innegable que a cualquier CEO se le salen los ojos de las �rbitas -como a un labubu- al pensar en beneficios r�cord.
Otra cosa que era un horror de fea, aunque en este caso no siempre daba la sensaci�n de ser adrede, eran los monos aburridos (Bored Ape Yacht Club) y otras colecciones de NFT. �Se acuerdan de cuando nos intentaron vender -y el verbo es clave- las bondades de estas im�genes que uno pose�a pero no del todo y se convirtieron en el objeto que todo el mundo quer�a poseer pero no del todo? El mism�simo Justin Bieber pag� 1,3 millones de d�lares por uno de estos primates en 2022. Hoy sigue valiendo una pasta para el com�n de los mortales, 12.000 d�lares, pero lo de que pierda el 99% de su valor como decisi�n financiera lo coloca, al menos, en el estante de las cuestionables. Si fuera un labubu, al menos su hijo podr�a jugar con �l.




















