Plazo de enmienda
Tenemos una clase pol�tica que no da abasto para ofrecernos espect�culo y de alto voltaje. Aqu� no se aburre nadie.

Aldama, �balos y Koldo, durante el juicio.TRIBUNAL SUPREMO
Actualizado
Audio generado con IA
Los espa�oles podemos, sin duda, lamentarnos de muchas cosas: precariedad laboral, bajos salarios, esfuerzo fiscal excesivo, alquileres inaccesibles, instituciones deterioradas, infraestructuras desatendidas, democracia languideciente... En fin, la lista es largu�sima. Qu� les voy a contar. Pero, de lo que no podemos quejarnos es de no estar entretenidos. Tenemos una clase pol�tica que no da abasto para ofrecernos espect�culo y de alto voltaje. Aqu� no se aburre nadie.
La coincidencia de dos juicios de los gordos, uno en el Supremo y otro en la Audiencia Nacional, afectando de lleno el primero al Partido Socialista y el segundo al Partido Popular, es un caso paradigm�tico de justicia po�tica que ofrece pase teatral para el p�blico m�s variado.
Aqu� hay para todos. Es verdad que para unos m�s que para otros. Depende de donde ponga el acento cada cual. Pero el repaso por las presuntas y no tan presuntas fechor�as es general.
Abruma repasar el cartel de personajes que desfilan ante la se�ora de la balanza y los ojos vendados. Si se los destapara, se los ver�amos como platos. Es espectacular.
Probablemente, no son todos los que est�n ni est�n todos los que son. Todo tiene sus deficiencias. Pero, los que est�n son muchos. Mejor dicho, demasiados.
F�jense, y cito sin orden ni concierto: un ex ministro y ex secretario de Organizaci�n del PSOE aficionado a la farra; un portero de discoteca que cambi� las llaves del tugurio por las de los ministerios; un comisionista avispado forrado de millones y con avi�n privado; gerentes y ex gerentes con cajones llenos de efectivo; novias y amigas agraciadas con sueldos p�blicos por la cara; ex secretarios y ex secretarias de Estado de ambos bandos que pasaban por all� y echaban una mano; un ex presidente del Gobierno y antes ministro de casi todo al que un d�a sustituy� un bolso; una ex secretaria general, ex ministra y ex presidenta auton�mica dispuesta a todo por una libretita de contable; un ex director operativo, o sea, jefe supremo de la Polic�a Nacional, metido en las alcantarillas; un tesorero aficionado al esqu� y a las cuentas bancarias en Suiza; un ex ministro del Interior implicado en juegos de esp�as; un ex comisario fullero pegado a una grabadora... y luego, fauna variada del m�s diverso pelaje ideol�gico. No hace falta poner nombres, todos son identificables.
En segundo plano, a la espera de dejar de ser paisaje de fondo: la esposa, suced�neo de catedr�tica, del presidente del Gobierno; el hermano m�sico del �dem; el propio �dem referente mundial de la progres�a; la fontanera aficionada al selfi y a la insidia; otro ex secretario de Organizaci�n y su mujer de billetera floja y educaci�n m�s floja a�n... Y todo ello, aderezado por un coro de cargos y carguitos, aspirantes, pelotas y subalternos que transmutan de defensores a acusadores seg�n convenga.
No me digan que todo esto no es un vodevil, una comedia (o tragedia), una pel�cula berlanguiana o torrentera, un esperpento que r�ete de los de Valle Incl�n. Y los ciudadanos, como en el tenis: vista a la derecha, vista a la izquierda. Pelota va, pelota viene.
Las democracias, ya lo dicen Ziblatt y Levitsky, mueren poco a poco y desde dentro. Y aqu�, a base de pico y pala, nos los trabajamos mejor que bien y, adem�s, nos divertimos.




























