El nuevo andalucismo está desnortado. Hay más andaluzofobia en proponer la pobreza como la adaptación del estilo de vida Estrella Damm que en subtitular a las charis

Fabián Ruiz, en un entrenamiento de la Selección en el Mundial
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Me suena bien el acento de la Chari, la madre de Fabián Ruiz. Lleva un soniquete reconocible, algo sin impostaciones, una cosa parecida al age. El age es una medalla de consolación, pero es la mejor medalla de consolación. Tenerlo todo es hortera. Tener solo age es un buen punto de partida y, si al final es lo único que queda, puede justificar un bonito obituario. El age tiene la posibilidad de ser canjeado por cuatro minutos de lectura en los ojos de los demás, que es una gloria como de bolsillo. Todos los andaluces domesticados nos reconocemos al hablar cuando nos encontramos en el extrarradio de Andalucía que es Madrid. Madrid es la city de todos los acentos menos del andaluz. Al llegar era casi obligatorio cumplir con la regla de practicar el lifting sobre el seseo o sobre algunas expresiones que suenan extrañas en los puertos que crucifican el idioma o a los malabares que hace mi padre con las palabras y convertí en un llavero del hogar. Sergio Ramos fue el icono de esta frustración. Sonaba fisno a la manera en que está escrita la palabra fisno: todos los expatriados bombardeamos con eses nuestras intervenciones.
A esta excepción le ha puesto solución RTVE. Entre la Chari y los Pujol mediaban los subtítulos, pero el documental sobre el futbolista ha igualado las cosas. Hace algún tiempo la primera división de los nacionalistas habría enviado al logopeda a cualquier chari. Enseñarles a hablar era el juego que más divertía a los supremacistas engendrados por las autonomías. Había una andaluzofobia tan reluciente como la cal de los pueblecitos de Cádiz. Para la nueva generación de andalucistas pasaba desapercibido, tan burdo el clasismo. Al barajarse con el resto de periferias en los erasmus, en las migraciones por trabajo, en las protestas por la regeneración política, adoptó la estética senderista del vasco o la sinfonía bohemia catalana como un disfraz para ocultar sus complejos. Los andaluces que exigen una rectificación a RTVE por subtitular a una limpiadora no se han dado cuenta de que se han cumplido sus deseos. Tampoco de que la admisión de Andalucía rebaja el hecho diferencial a un acento, equiparando a Gabriel Rufián con sus primos. Ahora está bien decir que no se entiende bien a ninguno de los dos.
El nuevo andalucismo está desnortado. Hay más andaluzofobia en proponer la pobreza como la adaptación del estilo de vida Estrella Damm que en subtitular a las charis. Ponedle subtítulos ahí a Chari, que nunca se va a poner de moda tomar el fresco en la calle por culpa del aire acondicionado.
























