El presidente busca una mayoría parlamentaria simbólica antes de irse de vacaciones, un flotador que le permita sacar un poco la cabeza en medio del revolcón.

El exministro José Luis Ábalos durante su declaración en el Tribunal SupremoMUNDO
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Aprovechando que el agua ya le llega al cuello, el presidente Pedro Sánchez anunció este martes la aprobación por Real Decreto-Ley (ese tipo de norma reservada sólo para casos de extraordinaria y urgente necesidad, justo la que él tiene ahora) de una dotación de 2.200 millones de euros para la dependencia.
Aunque su entrada en vigor, vía modificación de crédito ante la falta de Presupuestos, es inmediata, la norma deberá ser convalidada en el Congreso de los Diputados en un plazo máximo de 30 días, y he ahí la estrategia política: a ver qué partido malvado se atreve a votar en contra de más ayudas para enfermos o discapacitados amparados por la Ley de Dependencia. El presidente busca una mayoría parlamentaria simbólica antes de irse de vacaciones, un flotador que le permita sacar un poco la cabeza en medio del revolcón.
Para ello utiliza a los dependientes y lo hace sin ningún pudor: "A quienes se preguntan por qué este Gobierno quiere continuar pese a todas las dificultades y piedras en el camino, yo les digo que la respuesta está aquí. Seguimos para esto, para mejorar la vida de la gente, para ampliar y consolidar derechos sociales y para construir una España más justa y mejor".
No hay opción a réplica, pero qué divertido que José Luis Ábalos -por citar uno-, quien fue su mano derecha en el Ejecutivo, secretario de Organización de su partido y cabeza del Ministerio que maneja una mayor proporción del presupuesto público -llamado por entonces de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana- se haya convertido en eso: una simple y llana piedra.
Sánchez le puso el apellido de "en el camino", dando a entender que no conocía que estaba allí y se tropezó con ella fortuitamente, como si no lo hubiera aupado él a la cumbre desde la que hacía sus desmanes. Pero bien podría haberle calificado como una dolorosa piedra en el riñón o una piedra preciosa como las que atesoraba su predecesor José Luis Rodríguez Zapatero. Esas que intentó hacer pasar por bisutería y que luego resultaron ser un tesoro celosamente escondido.
Ojalá su valor, o lo que robaron los otros a manos llenas, se hubiera destinado a los dependientes. Esos de los que sólo se acuerdan para intentar lavar su nombre inútilmente.






















