Hay que ser el gen cancerígeno del peor hijo de perra para forrarse con el secuestro, tortura y asesinato de miles de venezolanos, fingiéndose mediador entre víctima y verdugo... abrazado al verdugo

Zapatero y Baltasar Garzón, en el ciclo 'Diálogos sobre Derechos Humanos y Seguridad Jurídica en Iberoamérica', en 2007.
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Entre fajos de billetes en los radiadores, la policía encontró la agenda del mayordomo -menordomo, le llaman Julito- de Zapatero. Y en ella, con la contigüidad de la mente asesina esquizofrénica, junto a las anotaciones de coimas por el petróleo y el oro de Venezuela están, a vuelta de página, las referencias a presos políticos o a «Edmundo», el chantaje en la embajada de España al vencedor de las elecciones para que saliera del país a cambio de la vida de su yerno, que llevaba un año desaparecido. En página impar, los millones esquilmando los recursos venezolanos a medias con los rojos redentores; en página par, los presos, secuestrados, torturados y asesinados que mantienen el negocio. Presos y millones: el Socialismo del Siglo XXI.
La primera vez que Felipe González fue a Tropicana, Castro le regaló un par de presos políticos. Pero, apenas se despidió de las mulatas y el ron, metió a 12 en las mazmorras. «¡Qué no vuelva!», decían los disidentes. Pero Felipe no cobraba de La Habana. Zapatero ha labrado su fortunón en íntima connivencia con el régimen narco-genocida de Caracas. Tarea en la que se unió a los comisionistas de Podemos cuando aún se llamaban CEPS y Errejón decía que si había colas era porque gracias a la revolución los pobres hacían tres comidas diarias. Dos, las robaba en las bolsas CLAP la mafia de Alex Saab. Su abogado es Baltasar Garzón, del Grupo de Puebla, antes Grupo de Sao Paulo, que fundaron Castro, Lula y Ahmadineyad tras la caída del Muro de Berlín. Y Zapatero es el gran ninot de esa Narkomintern.
Hay que ser un redomado hijo de perra para forrarse comprando en Méjico comida podrida, cobrarla a precio de buena y dársela a los pobres. Eso es el régimen bolivariano. Pero hay que ser el gen cancerígeno del peor hijo de perra para forrarse con el secuestro, tortura y asesinato de miles de venezolanos, fingiéndose mediador entre víctima y verdugo... abrazado al verdugo. Y ese ha sido desde que inauguró el Triángulo de las Mordidas -con Bono y Morodo, en el episodio de las fragatas- el negocio de Zapatero. Que prosperó vertiginosamente cuando Sánchez se pasó a Caracas, vía Delcy, que pagó su campaña para presidir la Internacional Socialista. El Plus Ultra es sólo un caso especialmente obsceno de ese modelo criminal.
Nunca se había imputado a un presidente de Gobierno en España. Pero es que nunca, nadie, de ninguna tendencia política, se había hecho millonario traficando con la vida de los presos políticos y fingiéndose su redentor. Ese es Zapatero; y el hampa mediática que lo exculpa y lo rodea.




















