Sánchez quiere liderar el Sur Global, o sea, plegarse a Xi contra Trump para sujetarse ante Feijóo y sostener los negocios de Zapatero

Pedro Sánchez y Xi Jinping, el pasado martes, durante su encuentro en Pekín.AFP
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La IA china DeepSeek prefiere no pronunciarse sobre los activistas pro derechos humanos en el país comunista. «Hablemos de otra cosa», sugiere. «China es un país socialista», responde a si es una dictadura, «con un sistema de asambleas populares (...). El pueblo chino es dueño del país. El sistema político (...) es adecuado para las condiciones nacionales de China (...). Confiamos en nuestras propias elecciones».
Putin publicita que hay que abatir o rescatar al putrefacto Occidente. El partido comunista chino persuade a su pueblo de que constituye una civilización milenaria y humillada por Occidente. En su Leviatán, Hobbes sostiene que quien se siente amenazado está en guerra. Xi está en guerra, pero lo disimula embozado como líder de la «potencia responsable». Su aliado, Putin, no lo enmascara.
Con la silla caliente, tras finalizar la complaciente visita de Sánchez a China, Xi recibió a Lavrov, canciller ruso, que subrayó el «papel estabilizador» y la creciente «importancia» de las dos potencias y proclamó de nuevo «la amistad sin límite» entre ellas. Lavrov no se olvidó de la tercera fuerza del eje y defendió el «derecho inalienable» de Irán a enriquecerse con uranio.
En víspera del sínodo de sátrapas, Sánchez puso otra pica antitrumpista. Fiel cumplidor de la regla de la orquestación, abrochó con Xi su causa: el No a la guerra, la regularización de inmigrantes y su visita promocional a China vehiculan su leitmotiv, con el que pretende llegar a 2027: «O Donald o yo». En junio, el Papa visitará España. Trump lo pone tan fácil que resulta un aliado, pensará Sánchez, que ha encontrado un filón que justifica su aproximación y servidumbre con China, que a su vez dice prestar su servicio: proveer a Sánchez de una falsa red de seguridad económica. Si la guerra se alarga y tuerce, China acudirá en socorro de su alineado y en provecho propio.
Mandaba Biden cuando Putin y Xi se saludaron en Pekín y se presentaban falsariamente como garantes del Derecho internacional tras los ataques de Hamas y la respuesta de Israel. Sánchez sabe dónde pisa porque conoce los resortes culturales y emocionales de la sociedad española. Tras la pandemia, la UE quiso reducir la dependencia estratégica y económica de China. Sánchez se desmarcó. Quiere liderar el Sur Global, o sea, plegarse a Xi contra Trump para sujetarse ante Feijóo y sostener los negocios de Zapatero.




























