
El Papa en el Congreso de los Diputados.
Actualizado
La tourné del Papa tiene invisibilizado al equipo político habitual. Es una desaparición de conveniencia, pero mañana volverán las hoces, los martillos, el puño americano y los garrotes. No quedará en ellos rastro de los discursos en los que León XIV -además de ejercer su labor pastoral arremetiendo contra los derechos al aborto y la eutanasia (como corresponde a un eficiente profesional de lo suyo)-, les dejó caer que han hecho de la mediocridad una terca forma de violencia y del ruido a navajas una estética de albañal. Ni uno sólo de ellos levanta un éxtasis igual en sus parroquias, otra verdad a tener en cuenta. Este León XIV insistió en el Congreso sobre los inmigrantes y la decencia de dispensar respeto también a quien come el pan sin bautizar. La vieja gramática del milagro no parece importarle demasiado. Habla de los abusos sexuales sin atajar, sin responder, desdivinizando un poco el Vaticano.
Pero destaca este otro asunto: en buena parte de los discursos no litúrgicos ha hecho de la cultura un eje. Citando a poetas, claro, pero tomando a la vez la cultura por uno de los lados buenos. La cultura como proteína de civilización, de respeto, de diversidad, de crítica. La cultura, sea lo que sea, como bujía para acelerar mejor y detenerse mejor y observar con más escudos y más armas y más letras. De los últimos Papas que pasearon por aquí, éste es el que trae la conciencia más sensata sobre los beneficios de la experiencia cívica de la cultura, del acceso a la cultura. Ni alta ni baja, sino cultura para no descender aún más.
En tres días de festival en Madrid ha lanzado más veces por la boca este concepto que la mayoría de políticos en la última legislatura. Eso sugiere algo, me parece. No se refiere a la cultura que algunos partidos aporrean confundiendo creación con subvención, sino a esa manera humana de contornearse mejor y comprender complejidades y diferencias y desafíos y desacuerdos. Cultura como energía eficiente, como discusión sostenible, como comunión y como estado de alerta. Cultura contra propaganda. Cultura contra extorsión. Violentamente cultura contra la revancha y el abuso, por pura democracia, por progreso. Que cada cual piense y crea lo que quiera. Un Papa ha venido a decir mil veces cultura. No arregla nada, pero ofrece posibilidad. También a quienes no estamos en las filas de creer, pero confiamos en saber vivir.
Mañana volveremos en Madrid al asalto vulgar de la política de todos los días. Al matorral.


























