La apertura de negociaciones entre EEUU e Irán es la mejor prueba de que EEUU ha perdido esta guerra

Depósito de combustible alcanzado por un ataque israelí-estadounidense en Teherán.AP
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En enero de 1968, el Vietcong y el ejército norvietnamita lanzaron la ofensiva del Tet, atacando simultáneamente más de 100 poblaciones, incluida Saigón. La ofensiva no logró grandes conquistas territoriales, pero demostró que EEUU no podía ganar esa guerra ni sostener militar ni políticamente a la República de Vietnam. EEUU, que proclamaba estar ganando la guerra, se sentó a negociar. El proceso acabó en un acuerdo de paz, pero nadie dudó de que EEUU había perdido esa guerra.
Lo mismo revela la presencia del vicepresidente estadounidense, JD Vance, en Islamabad para negociar con el gobierno iraní. Esa apertura de negociaciones entre EEUU e Irán es la mejor prueba de que EEUU ha perdido esta guerra. Incapaz de imponer sus objetivos por la fuerza, Washington intenta ahora lograrlos en la mesa de negociación, con la amenaza del uso de la fuerza como respaldo. Pero si el uso de la fuerza contra Teherán no ha logrado el objetivo de derrocar al régimen iraní, ni tampoco de destruir su programa nuclear o de misiles balísticos por completo, ¿por qué iba Irán a conceder en la mesa lo que no ha cedido en el frente?
Irán ha sufrido grandes daños y es consciente de que su número de misiles y drones es finito, por lo que también le convenía este alto el fuego seguido de negociación. Sin embargo, el daño económico infligido por Irán a sus vecinos es también creciente. Y, sobre todo, Irán se ha encontrado con una baza que compensa su debilidad militar: el control del estrecho de Ormuz, que ahora aspira a institucionalizar, haciendo saltar por los aires -gracias, Donald Trump- otro principio clave del derecho internacional: la libertad de navegación, vital estratégicamente para EEUU.
En la derrota sin paliativos de Trump se incluye, además, la destrucción total de la imagen internacional de EEUU. El país que quiso ser un hegemón benigno y construir una densa red de alianzas basadas en valores liberales y democráticos se ha convertido hoy en un hegemón predatorio, que extorsiona a sus antiguos aliados tanto o más que a sus enemigos y que no duda en utilizar un lenguaje genocida y amenazar con acciones tipificadas como crímenes de guerra, como la destrucción de infraestructuras civiles iraníes. Los imperios solo negocian cuando pierden, y les suele costar reconocerlo. La paz con Vietnam se firmó cinco años después de la ofensiva del Tet y la guerra continuó mientras tanto.
























