La cari�tide
Para algunos, acabar en Urgencias responde a un complicado proceso de aceptaci�n del malestar

Escena la serie The Pitt .MUNDO
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Son tantos los lugares a los que nunca querr�amos ir que hacer una lista se antoja est�pido. Sin embargo, la haremos: nadie quiere ir a un cementerio, mucho menos a una iglesia -dir�n algunos-, por supuesto querr�amos no ir a trabajar, ni a la universidad, ni al colegio -al menos eso decimos pero, cuando una enfermedad nos impide ir, acabamos dese�ndolo-. Tampoco gusta mucho hacer la compra o los recados-salvo excepciones- pero en esto, como en tantas otras cosas, la tecnolog�a ha ido poco a poco (o m�s bien r�pido, r�pido) poni�ndonos f�cil la posibilidad de ser, es decir, comprar, sin que se genere un encuentro, sin que el no lugar, que ya es todo, sea de repente espacio compartido; por ajenos, cercanos or whatever it is in between.
En este recorrido por las evitaciones de cualquier ser humano hay que incluir la m�s latente: nadie quiere ir al m�dico. Y de todas las posibilidades posibles, el m�dico al que deseamos no conocer jam�s es al del servicio de Urgencias. �Qui�n es esa persona que pudiendo elegir una especialidad trabaja en un lugar en la que eso no existe y las posibilidades son todas?
Mi relaci�n con conceptos como enfermedad y muerte suele estar atravesada por mi afici�n a ver series sobre un hipot�tico apocalipsis zombie y sobre urgencias, empezando por aquella E.R. de los 90 hasta el The Pitt de 2026. He visto mucho de todo ello: desde Anatom�a de Grey hasta Mentes brillantes, pasando por The Walking Dead y todos los dead que vinieron con ellos.
Zombies de cualquier pa�s y de cualquier estilo, espeluznante o c�mico, me las trago todas con el mismo inter�s, tengan o no sentido. Me fascinan porque me recuerdan que todo podr�a ser peor. Tambi�n mejor, pero sobre todo peor. Y que adem�s de la posibilidad de morir antes de tiempo -antes de viejo- existe una especie de muerte en vida que consiste en estar siempre en alerta, pensando �por d�nde llegar� el horror?
Sucede tambi�n esto: mientras para algunos lo m�s divertido del mundo es salir de copas, clubs, locales, discotecas, garitos varios o tabernas, para otros esto supone un infierno; para ellos son lugares que f�sicamente repelen, no ya por el alcohol sino por el conjunto: luces, ruidos, gente...
De igual manera, para otros, acabar en Urgencias responde a un complicado proceso de aceptaci�n del malestar. Una batalla entre mente y cuerpo -si es que ya se tiene una buena conciencia de �ste- que si finaliza en Urgencias, donde nadie quiere ir ni para acompa�ar, se convierte en un triunfo personal.






















