Yo solo lo advierto. Empiezas vacilándole a un juez, Elisa, y no sabes cómo termina la cosa. Es lo mismo que ponerte a darle collejas a un rottweiler

Elisa Mouliaá, en Dubai.
Actualizado
Si Elisa Mouliaá tiene una estrategia de defensa sensata y comprensible, entonces también tiene su defensa la Cruzcampo caliente.
No es normal lo que está haciendo Elisa Mouliaá. No es normal que la Justicia te cite a declarar tres veces, no acudas y -como toda respuesta- te muestres en bañador desde Dubai como si los juzgados de instrucción tuviesen que ver con Los Albóndigas en remojo. No es normal lo suyo lo mismo que no sería normal decirle me cago en tus muertos al tío que le puso la cara como un tartar de carne a Topuria. Mal, mal, mal.
Yo solo lo advierto. Empiezas vacilándole a un juez, Elisa, y no sabes cómo termina la cosa. Es lo mismo que ponerte a darle collejas a un rottweiler. Luego no te quejes.
No puedes vacilarle a un juez lo mismo que no debes vacilarle a quien entra y sale de la cocina a servirte la sopa o el salmorejo, platos propensos a guarniciones aliñadas con la venganza de un camarero mal tratado.
No puedes vacilarle a un juez porque luego te pasa lo que le pasó a aquel hoolligan del Crystal Palace que le estuvo vacilando todo el partido a Éric Cantona, quien -justo antes de irse- se fue a por aquel hombre que se estaba riendo de él en público y le dio una patada voladora.
Alguien que la quiera bien debería decirle a esa mujer que los jueces, como los marselleses de los noventa, no se andan con chiquitas.
(...)
Sé muy bien de lo que hablo, créanme. Tengo un cerro de amigos abogados que me cuentan lo que sucede cuando cabreas a uno: o sea, pasa lo mismo que cuando dabas de comer a un gremlin pasada la medianoche.
Los jueces. Nuestros jueces. Buena parte de ellos, vaya (no todos). No es extraño que se dirijan de una manera desconsiderada con el letrado, que poco menos que tiene que procurarle un trato reverencial a Su Señoría. Mucho más de lo que sería deseable, van de dioses. Lo habitual es que lleguen tarde (esa es otra): si una mañana tienen cinco señalamientos y el primero comienza a las nueve y media, ellos se presentan una hora más tarde, una grosera y supremacista impuntualidad que es todavía mucho peor en las guardias: el letrado ha de madrugar y el juez puede llegar a comparecer -teniendo a todos esperando- bien pasada la una del mediodía. El defensor de un cliente puede haberse tirado semanas preparando un escrito que cierto tipo de juez -me van a perdonar- se limpia ciertas partes con esas alegaciones que muchas veces apenas lee.
A un hombre así está cabreando Mouliaá, a un hombre que, acaso -como muchos otros muchos jueces-, trate a los abogados como curarachas. Qué no harán entonces con una representada.
Miren a Peinado si no.
Cómo se pondría ese juez si Begoña Gómez le mandara una foto en bikini desde la playa de Ipanema diciendole que no la moleste, que es un prevaricador machista, que todo es lawfare, que ella está chill y que espere sentado. Eh.




























