Correr la milla
La muerte de dos hombres en una operaci�n contra el narco es una tragedia; el accidente laboral de dos funcionarios es estad�stica

Mar�a Jes�s Montero, candidata del PSOE a la Junta de Andaluc�a, durante el debate electoral en Canal Sur.EFE
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Lo de asimilar el trabajo de los militares y los polic�as a una profesi�n convencional, y lo de reducir sus riesgos a los consuetudinarios problemas de cualquier oficio es una mezquindad ya muy vieja. Nunca ha faltado, cada 12 de octubre, un chorlito que, con aliento a calimocho, reivindica un desfile de honrados fontaneros, no para ennoblecer a los plomeros, sino para vulgarizar a las fuerzas armadas.
Ahora que el PSOE explora los m�s s�rdidos suburbios de la izquierda para reclutar a los nuevos votantes que sustituyan a los que est�n huyendo despavoridos, su candidata en Andaluc�a ha decidido reducir a un accidente laboral la muerte de dos guardias civiles en una persecuci�n al narco en las costas de Huelva.
Justo anteayer, mientras la candidata pronunciaba su c�nica evaluaci�n de la tragedia en Canal Sur, era enviada a imprenta la edici�n de La Vanguardia que informaba de que �el Govern y ERC ultiman el pacto para aprobar los Presupuestos�. La confluencia de ambos titulares, el accidente laboral y las cuentas catalanas, permite identificar la campa�a de Mar�a Jes�s Montero, m�s que con la sociolog�a, con la espeleolog�a. Es como si estuviera explorando, en arriesgado ejercicio, cu�nto puede a�n descender si sigue picando el rocoso suelo electoral de los socialistas en Andaluc�a. M�s que una campa�a estar�amos hablando de un tr�pano rotatorio.
El tratamiento displicente de la muerte en acto de servicio de Jer�nimo y Germ�n no es el resultado de una improvisaci�n. Hay una voluntad deliberada de restar heroicidad a la actuaci�n de la Guardia Civil en la lucha contra el narco en el sur, precisamente, por la responsabilidad de este Gobierno en que esta lucha sea tan desigual que la persecuci�n de las potentes narcolanchas de los criminales sea una heroicidad. Considerar que el choque de dos lanchas que tratan de seguir la estela zigzagueante de unas planeadoras es un accidente laboral est� al nivel moral de un atestado que certificara que un polic�a falleci� por interponerse en la trayectoria de una bala disparada por un delincuente. La muerte de dos hombres en una operaci�n contra el narco es una tragedia; el accidente laboral de dos funcionarios es estad�stica.
Montero rectific� unas horas despu�s de haberse puesto estoica en Canal Sur. La desgracia para ella es que Marlaska nunca podr� enmendar su ausencia en el funeral de los agentes. Y ambas miserias nacen de la misma frialdad t�ctica: la de considerar la tragedia como una inevitable desgracia cotidiana.




















