Recuerdo haberle odiado leyendo algunas partes de '2666'. Y haberme derretido con 'Estrella distante'. Pero por encima de todo amo 'Los detectives salvajes'

Efe
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DOS LIBROS COINCIDEN en las librerías -siempre quise comenzar un texto así- en los que el protagonista es el escritor chileno Roberto Bolaño y, durante unos días, estuve constantemente equivocando un ejemplar con otro, pero me pareció bastante lógico. Tuve que poner ambos libros juntos, de alguna manera a la intemperie, para entender que había empezado de nuevo cierto juego. Sentí que se generaba a mi alrededor algo parecido a los readymade de Marcel Duchamp, que aparecen no sólo en la literatura de Bolaño sino en la de muchos otros escritores pero, al tratarse de este asunto, nombraremos a Enrique Vila-Matas.
Metaliteratura es en cualquier caso pleonasmo. Con literatura estaría dicho todo pero no me puedo permitir liarme en cada párrafo porque hoy, intuyo. se me van a quedar especialmente cortos. La editorial Alfaguara -desde 2016 tiene su biblioteca completa- publica Notas para una autobiografía, una recopilación de las entrevistas del autor desde 1975 hasta 2003, año en que muere. Soy muy fan de una de las preguntas que le hizo la periodista Mónica Maristáin para Playboy en la que terminó siendo la última de todas. «¿Por qué le gusta tanto llevar la contraria?», inquirió. «Yo nunca llevo la contraria», respondió él.
Cualquier bolañista sabe que todo en él, o en su literatura, estaba repleto de contradicciones, pero este texto aspira a generar interés en los neófitos. ¿Por qué queremos tanto a Bolaño? Recuerdo haberle odiado leyendo algunas partes de 2666. Y haberme derretido con Estrella distante. Pero por encima de todo amo Los detectives salvajes, a Ulises Lima y a Arturo Belano. A modo duchampiano otra vez, abrí por azar el libro de entrevistas y leí: «¿Quién es Ulises?». Respuesta: «Ulises Lima era mi amigo Mario Santiago, que murió hace un año».
Así que ahora de lo que tengo ganas es de descubrir si, entre las páginas de La sombra de los perros románticos (Navona), de José Serralvo, el segundo libro sobre Bolaño ahora en librerías, hay espacio para Santiago, un poeta mexicano cuyo delirio era su deleite.
Bolaño prosigue la entrevista previa a una conferencia en Santiago de Chile. Es 1999. «Era un lector empedernido y tenía cosas tan extrañas como meterse en la ducha y seguir leyendo. Y lo peor es que eran mis libros, que siempre los encontraba mojados y no sabía qué había ocurrido».
Ya sé que de bibliófilos hay una amplia gama, que muchos considerarán lo que voy a decir una aberración, pero ojalá los libros se mojaran más. Ojalá nuevos integrantes del realismo visceral.


























