Sin acritud
La cuesti�n no es si Pujol debe viajar a Madrid. La cuesti�n es por qu� el president siente la necesidad de intervenir en un proceso judicial desde su posici�n institucional

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa.Araba
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El catedr�tico Rafael Arenas sostuvo hace tiempo en una tribuna que el PSC se hab�a convertido en �un partido nacionalista m�s�. Coincid� con buena parte del diagn�stico, aunque matizaba que la realidad catalana segu�a siendo m�s h�brida de lo que admite cierto pesimismo constitucionalista. Esta semana, Salvador Illa me obliga a revisar aquella matizaci�n.
Tras recibir una llamada de Jordi Pujol excus�ndose por encontrarse �muy flojo�, el president sali� a pedir seny a la Audiencia Nacional, que ha citado al nonagenario a declarar en Madrid. No fue un comentario al paso, sino una toma de posici�n institucional. Y tampoco es un gesto aislado. Illa ha mantenido varias reuniones con Pujol, lo ha reivindicado como �figura relevante de la historia pol�tica catalana� y ha configurado su Govern con incorporaciones discretas de ex convergentes. �La pax de Illa busca restaurar el oasis? La l�nea se completa con su defensa de que el catal�n sea requisito para renovar el permiso de residencia -la lengua como �prioridad nacional�- y del monoling�ismo escolar frente a las sentencias judiciales. Lo que el PSC de otro tiempo habr�a considerado inaceptable, el de hoy lo presenta como mera �inclusi�n�.
Nadie discute que Pujol, con 95 a�os, merezca consideraciones procesales. Los tribunales ya se las hab�an concedido permiti�ndole seguir el juicio por videoconferencia. La cuesti�n no es si debe viajar a Madrid. La cuesti�n es por qu� el presidentsiente la necesidad de intervenir en un proceso judicial en curso invocando el seny desde su posici�n institucional. Ese gesto no es compasi�n. Es pol�tica.
Illa no es independentista -esa sigue siendo su principal carta- y por eso puede permitirse estos movimientos sin coste inmediato. El PSC apuesta por ocupar la sociovergencia. Pero es dudoso que la operaci�n tenga premio electoral: el votante convergente se ha fragmentado, envejecido o desplazado hacia posiciones m�s duras. Lo que Illa lograr� no es una ampliaci�n de su base, sino una absorci�n asim�trica que diluye la identidad del PSC sin garantizarle votos. A ello se suma un tono en sus intervenciones algo curilesco, donde aflora su catolicismo practicante.
Catalu�a no necesita un nuevo oasis construido sobre silencios selectivos. Necesita un espacio p�blico donde el pasado se nombre sin eufemismos y donde el seny deje de servir de escudo.
























