Mayor�a selecta
Lo bello dirige al sujeto, un ser insuficiente por naturaleza, una invitaci�n a elevarse a ese idealismo superior

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En la Antig�edad, la belleza es entendida de dos maneras. Con car�cter general, es definida como forma que presta armon�a a las partes. Pero esa definici�n no vale para las cosas sencillas, como el mismo Dios, as� que tard�amente –con Plotino– se a�ade la idea de belleza como luz. Consonantia (forma) y claritas (luz) compendian en apretada f�rmula la est�tica premoderna. En la Modernidad, presidida por el principio subjetivo, la belleza ya no es propiedad residente en las cosas, sino el encanto de algunas percepciones capaces de suscitar una promesa de felicidad, la placentera ilusi�n de una posibilidad incruenta de lo humano. Lo bello dirige al sujeto, un ser insuficiente por naturaleza, una invitaci�n a elevarse a ese idealismo superior. Lo experiment� Rilke cuando, ante la escultura de un Apolo arcaico del Louvre, bell�simo torso sin cabeza, crey� escuchar una voz interior que le susurraba: �Tienes que reformar tu vida�.






















