La Ciudad del Doncel, gracias a la conservación de su patrimonio y a la apuesta por la gastronomía de calidad, muestra que el turismo es una palanca para el desarrollo rural

Blanca y Samuel Moreno (en el centro), del Molino de Alcuneza, junto al resto de cocineros y participantes en la jornada del pasado 18 de junio en Alcuneza (Guadalajara).EM
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Pío Baroja, que llegó a tener un olivar en la Alcarria, escribió en La nave de los locos: «Sigüenza, a lo lejos, con su caserío extenso, las dos torres grandes, almenadas, como de castillo, de la catedral, y su fortaleza en lo alto, le produjo a Alvarito gran afecto». Unamuno fue más allá: «sentí invadir mi alma ansiosa un cacho de tradición empedernida». Sigüenza, claro, es un museo al aire libre. Lean los libros del doctor Javier Sanz, Hijo Predilecto de esta ciudad, para comprender toda su magnitud. La Ciudad Mitrada es un crisol cultural a los pies del nacimiento del Henares. Es un doncel recostado entre un libro y una espada, a escasos pasos de la fronda de la Alameda. Pero Sigüenza palpita en el presente, no sólo en el pasado. De modo que uno puede perderse en las travesañas, durante unas jornadas medievales, y luego visitar la antología de Maruja Mallo y las vanguardias en la sorprendente galería de arte situada a orilla de una catedral que suma 857 años desde su consagración.
Convertida en un destino top de Castilla-La Mancha, Sigüenza aspira ahora a ser Patrimonio de la Humanidad a través de una candidatura en la que converge el paisaje de los ríos Dulce y Salado. Fortalezas no le faltan, pero sobresalen dos: su extraordinario patrimonio histórico y artístico, y su pujante oferta gastronómica. A lo primero ha contribuido de forma decisiva la Fundación Ciudad de Sigüenza, una entidad que, después de 27 años volcada en la conservación de un legado singular, ha puesto el broche a su actividad con un libro -escrito por Gloria de las Heras- que es una memoria del compromiso cívico plasmado, entre otros logros, en la reactivación de la Casa del Doncel y la recuperación de los tapices flamencos. Lo segundo está recibiendo un impulso especial de la mano del Relais & Châteaux El Molino de Alcuneza, uno de los grandes referentes de la hotelería gastronómica de España, ubicado en una pequeña pedanía seguntina. Hace escasos días, en el marco de su 30º aniversario, reunió a diez manos a cinco cocineros (Coto de Quevedo, Santerra, Muxgo y L'Agadir del Delta, además del anfitrión Samuel Moreno) que suman cinco Estrellas Michelin. Todos ellos son exponentes de una cocina soldada al territorio, al producto y a las personas que lo sostienen. No hay paraíso sin fogones ni figones.
Sigüenza muestra hasta qué punto el turismo es una palanca para el desarrollo rural. Félix de Azúa tiene escrito que la transformación de nuestro país durante las últimas décadas no se ve tanto en las principales ciudades, sino en las urbes del interior. Es allí donde cristaliza el milagro de apoyarse en las raíces añejas sin perder el pulso de los tiempos. Buen verano.
























