Lo que se cuenta de cómo era la empresa de Laura y Alba Rodríguez no augura la inocencia y las buenas intenciones de las que tanto presumen el ex presidente y la izquierda

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El guindo debe de estar muy alto, porque los que se han caído con Zapatero aún no se han recuperado de la conmoción. El edema se le notaba a una amiga que decía que uno de los tres pilares de su vida era el PSOE y se resistía a creer las pruebas. Le expliqué lo que opinan quienes conocen el caso: ha tenido suerte de que lo trinquen primero en España, porque lo mismo aterrizaba en cualquier país amigo de EEUU y lo extraditaban.
¿Acaso no propuso Christopher Landau -el subsecretario del Gobierno yankee- prohibirle la entrada en el país en septiembre del año pasado?
Lo que mejor define al que fuera presidente es el «bobo solemne» que le dedicó Mariano Rajoy por alguno de aquellos discursos vacíos. Es verdad que ZP cogió a la derecha con el pie cambiado en el aznarismo carca -y grogui por el 11-M- con la Ley del Matrimonio Gay, pero, por lo demás, resulta incomprensible el prestigio del político. Los que lo conocen de cerca -tenemos amigos en común- hablan de su talante y de lo buena persona que es. Ahora, tras saber que presuntamente lavó dinero con el reparto de alimentos para los pobres de Venezuela, sabemos que más bien iba pa'lante, y que lo suyo era un robo solemne, por lo que ocultaba tras esos discursos llenos de palabrería.
Y eso sí es verdad y constituye el gran mérito de ZP: la izquierda se apropió de la superioridad moral frente a la derecha. Sobre esta premisa se construyen los nuevos mandamientos de su religión -ojo, que también hay una de derechas-: ecologismo, memoria, la corrupción (la izquierda no roba), feminismo, las disputas a propósito de lo LGTBIQ+...
La prueba de que ZP no era tan tierno y bueno como el Bambi de Raúl del Pozo -al que «no le gustaban los miércoles»- es la posibilidad de que vayan a imputar a Alba y Laura Rodríguez, sus hijas, en la trama. ¿Las quería dejar bien situadas, como otros expresidentes a sus hijos? ¿O las utilizaba para delinquir?
Las hijas de Zapatero son ya una locución del español. Cuando las descubrimos -mérito del equipo de Fotografía de este periódico- en 2009, en aquella foto con los Obama, muchos pensaron que era un montaje. La pose, el atuendo gótico... Todo era carne de meme. Esa mañana España descubrió el montaje viral antes de las facilidades que da ahora la IA. Esas niñas no lo debieron de tener fácil en el colegio.
Quizá el padre quería resarcirlas de la exposición con una buena colocación, estilo la cátedra de Begoña -otra prueba de que la crítica a la falta de meritocracia solo vale para el adversario de derechas-. Dicen que a Laura le daba bastante igual What The Fav. la empresa por la que la investigan. ¿Acaso los que contrataban sus servicios accedían a pagar tanto porque esperaban letras góticas? Al parecer, la mayor, había dejado atrás esa estética y era ahora pokera: evolución natural de los bakalas.
¿Y en el trabajo? ¿Merecían los 447.000 euros? A saber qué harían en una oficina en la que se repetían capítulos de Los Simpson y los pedidos de pollo frito del KFC. Respecto a Alba, circula un vídeo en redes donde hace cambios de registro de actriz que recuerdan bastante a su padre.
Esas niñas no tienen la ambición de otros hijos de presidentes y su implicación en la trama de su padre parece instrumental. Eso describe muy bien al político Zapatero. Recuerda mucho a esas beatas de misa diaria que predican la virtud -y tiran la primera piedra contra la pecadora-, pero que luego se follan al cura en el confesionario.
A la izquierda le duele tanto que se haya desvelado la presunta corrupción de Zapatero porque lo que queda en evidencia es la progresía. Zapatero no era solo la forma más barata -¿qué cuesta abrazar unos postulados? ¿y los derechos gays y la Hemoria Histórica de China?- de sentirse mejor con uno mismo, sino que toda esa verborrea -y repito: ojalá la derecha lo hubiera hecho más decentemente en materia LGTBIQ+, de memoria histórica, ecologismo...- era exclusivamente para enriquecerse.Emosido engañado, reza la pintada más famosa de España. No hay peor desengaño que el de quien se deja engañar.



























