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Muchos le vieron el lado bueno a la monta�a de muertos que �bamos acumulando como si por fin hubieran encontrado el lote de limones que la vida les ten�a preparados para hacer limonada

Asistencia psicol�gica por tel�fono en los primeros d�as del Covid
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QUIERO hacer un recuento de la pandemia y s�lo me salen selfies. D�nde estaba. Ad�nde iba. De qui�n me desped� pr�cticamente hasta siempre. Qu� objeto perd� la �ltima noche antes del confinamiento. Los d�as previos al Estado de Alarma tuvieron un fulgor diferente. El recuerdo est� equivocado, no hubo nada rese�able, pero no soy capaz de evocarlo de otra manera. Aquellos d�as pasaron despacio a pesar de ser r�pidos y a partir del 14 de marzo los d�as pasaron r�pidos a pesar de ser un co�azo. Podr�a ser peor. Podr�a formar parte del batall�n de nost�lgicos del confinamiento, las personas que lograron encontrarse a s� mismas cuando todo iba peor que nunca. He ido a la cuenta de Twitter de la ministra Teresa Ribera a comprobar que segu�a ah� su mensaje t�trico. El 7 de mayo de 2020 escribi� lo reconfortante que le resultaba ver perros y personas al trote por La Castellana. No lo ha borrado. Practicar la arqueolog�a digital permite comprobar que convivimos con gente un poco tenebrosa. Muchos le vieron el lado bueno a la monta�a de muertos que �bamos acumulando como si por fin hubieran encontrado el lote de limones que la vida les ten�a preparados para hacer limonada. Teresa Ribera es una muestra de la confusi�n generalizada. La Castellana, como las avenidas de otras ciudades, era el patio de la c�rcel y no un recreo. Una sala de espera al pat�bulo de los tanatorios. El corredor que las autoridades habilitaron para no tener que despegar del fondo de los patios interiores a la otra mitad de la poblaci�n. Aquel 7 de mayo murieron 229 contagiados.
Propongo identificar entre los s�ntomas del covid persistente la polarizaci�n, esta excitaci�n de jaur�a que recorre el pa�s. Espa�a sol�a ser un lugar donde hab�a un Seleccionador de f�tbol en cada sal�n y ahora es un Congreso gigante, encajonado entre Venezuela y Marruecos, donde cada sal�n es una democracia con su presidente. Ya no hay comunidades de vecinos sino comunidades de polit�logos y una sensaci�n generalizada de final de era: queda pendiente ajustar la cuenta de todos los errores cometidos por el Gobierno. Por decirlo en ventajista: los abuelos mor�an mientras �balos y su banda tomaron la excepcionalidad por un jacuzzi. Y, a�n as�, supongo que ning�n arrebato de incompetencia justifica la politizaci�n enfermiza. Es propio de gente sin aficiones.
Sufrimos un estr�s postraum�tico que consiste en enfrentarse. As� que esta vez no me pilla desprevenido. Voy a adoptar toda la actitud magufa posible frente al Crucerovirus. Ni siquiera voy a decirlo bien. Har� como que no existe. Se va a solucionar solo.


























