Correr la milla
Como en Extremadura no se va a pedir el catal�n -y el cast�o no tiene a�n rango oficial-, de alguna forma hay que blindar su singularidad

Mar�a Guardiola, investida presidenta de la Junta de Extremadura.MUNDO
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Como toda norma que es m�s sensible al clima social que a la necesidad real, la prioridad nacional tendr� algunos efectos indeseables para quienes la promueven. Como es un concepto eminentemente nacionalista, y Espa�a tiene ya un adiestramiento en este asunto, es f�cil prever cu�les ser�n algunos de esos efectos.
El principal, que la prioridad no ser� nacional sino auton�mica, que es la �nica manera de hacerla legal. Veamos. El primer requisito para acceder hoy a una vivienda protegida en Extremadura es una disyuntiva: la nacionalidad o la residencia legal. La forma de priorizar a la poblaci�n aut�ctona ya la ha adelantado el portavoz de Vox Carlos Quero: exigir m�s a�os -una d�cada, al menos- de empadronamiento en el municipio al que se refiera la demanda de lo que ya prev� la ley e introducir nuevos criterios, como que los padres del demandante vivan tambi�n en �el territorio�. Luego ya vendr�an criterios de renta, situaci�n familiar y dem�s, pero siempre despu�s de un primer cribado �territorial�. No hay forma de ordenar ayudas sin establecer una discriminaci�n y la prioridad nacional discrimina inevitablemente, tambi�n, a los espa�oles de otras comunidades. Es el nacionalismo de las regiones sin nacionalismo: como en Extremadura no se va a pedir el catal�n -y el cast�o no tiene a�n rango oficial-, de alguna forma hay que blindar su singularidad.
Como el debate se ha elevado a una cuesti�n moral, se ignoran estas minucias t�cnicas. Minucias, s�, porque el objetivo de Vox al incluir en los acuerdos la f�rmula concreta de la prioridad nacional nada tiene que ver con el bienestar de los extreme�os o los aragoneses, sino con favorecer un clima de sospecha sobre la inmigraci�n. Como si la principal fuente del malestar de los espa�oles aut�ctonos fuera la proliferaci�n de extranjeros y la inmigraci�n arrojase un saldo negativo en Espa�a.
Esto es lo que el PP desprecia, con su habitual desd�n por la pol�tica. Y eso que Vox no demora sus lecciones: lo primero que hizo tras rubricar el pacto en Extremadura, antes incluso de investir a Mar�a Guardiola, fue registrar todo lo dem�s, el desarrollo tras el pre�mbulo, de su programa radical contra la inmigraci�n, que incluye la remigraci�n de legales o la denegaci�n de atenci�n sanitaria.
Lo que ha hecho el PP es reanimar a Vox cuando le faltaba el aliento. Como si, en un enloquecido fair play nunca correspondido, decidiera renunciar a toda la ventaja acumulada en estos meses. Luego dicen que a su acuerdo le falta caridad cristiana.




















