En las bolsitas de la Policía un cargamento fenomenal de piedras preciosas, brillantes, oro, perlas y demás mandangas propias de un mercader muy avezado

Una de las joyas incautadas en la caja fuerte de Zapatero
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Echo de menos a Raúl del Pozo, quien agarró por el cuello un hallazgo certero de Alfonso Guerra y popularizó el apelativo con el que clavó en el extendedor de mariposas a José Luis Rodríguez Zapatero: Bambi, el hombre de mueca caramelizada al que sonreír se le iba de la boca. Desde hace un tiempo, aquella paz de espíritu que exudaba se ha convertido en un gótico tardío y desde la imputación sólo le queda penumbra alrededor, un jaleo de sospechas, alguna ingeniería trinconera. Y ahora también un joyero oculto en la caja fuerte del despacho. Hemos visto ostras, champán del bueno, fotos con Delcy, maniobras en China, informes de un par de folios pagados a precio de investigación molecular, pero nadie esperaba el ajuar digno de una emperatriz. Leo que podrían ser de herencia de familia, pero para tener las raíces en la clase media de León asoma en las bolsitas de la Policía un cargamento fenomenal de piedras preciosas, propias de un mercader muy avezado.
Esta pandereta de alhajas es el penúltimo cartucho de cacahuetes en el circo zapateril. Para qué querrá esa gente los brazaletes, sortijones, pendientazos de medio kilo que estiran el lóbulo de la oreja a la manera de los mursis africanos. No hace falta ser inspector de alcantarillas (novela de Giménez Caballero) para sospechar que el tesoro tiene una procedencia fuerte y quizá rara. Si la mercancía es falsa supone un ridículo gigante. Si es verdadera trae un problema monumental, pues habrá que revelar de dónde sale tanta chiserá, como dicen los calós.
En este tinglado, lo asombroso es cómo a Zapatero, presuntamente, le han ido salvando sus triles. Al principio parecía un líder escolar, después cuajó una primera legislatura estupenda, más tarde lo estropeó todo cuando llegó feroz la crisis de 2007 y él se dedicó a perseguir arcoíris. Desapareció, lo resucitó Pedro Sánchez y ahora sabemos que aprovechó el renacer para sus asuntos acumulando sospechas por corrupción, aunque hay que demostrarlas. Caray con el socialismo de peluche. En su legislatura inaugural parecía presidente el borreguito del Norit; o el mismísimo burrito del incalculable Juan Ramón Jiménez: "Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos".
Todo apunta, según indicios, a un comisionista. Pero con trazas rarísimas. Un cruce del Sr. Burns de Los Simpson con el alma regaliz de Bob Esponja. Puede que ZP esconda un peligro cierto. Otra joya de más.


























