En las plataformas de la televisión pública, incluso los veteranos se dejan contagiar por una invidencia gravemente infantil, síntoma de ausencia de cualquier tipo de vida intelectual

La presentadora Mercedes Milá.EM
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A LA CAMA
Azúcar, especias y muchas cosas bonitas fueron los ingredientes escogidos para crear a las Supernenas. Para las estrellas de la televisión española de los 90 solo hubo que añadir ajo y pepino, pues el primero, con su alicina, y el segundo, cucurbitacina mediante, canalizan la capacidad de omnipresencia y regurgitación que aún hoy las caracteriza. En época de gazpachos informativos, conservan aún el poder de la repetición.
Con frecuencia algunas de sus posaderas paran en el sofá de Broncano. Si se carga uno de paciencia y Manuel Carrasco, emperador de la música de supermercado, y su euforia por pagar impuestos lo permiten, algún animal televisivo hará aparición. En su turno, Mercedes Milá aseguró que a Zapatero le han tendido una trampa. Todo, contaba ella seriísima, se trata de un montaje.
Una ve a Milá enredada en su convencimiento y el alma comienza a tirarle hacia los pies. Tiene la catalana la predisposición del niño que ve en su abuelo disfrazado al rey Melchor. Hierve en el fervor de quien debe justificar cada gesto de aquel en quien ha externalizado su "brújula moral", ya que de lo contrario el andamiaje psicológico sobre el que ha construido su mirada se vendrá abajo. Acusa el nervio de la ceguera elegida y el maltrato aceptado, de, es decir, un síndrome de Estocolmo intelectual.
La presentadora es solo la melena visible de la tribu. Gabilondo, listo a sus 83 para volver a TVE, será el timbre vocal. Se alertaba Henar Álvarez por la desaparición de Àngels Barceló de la radio. ¿No estarían, se preguntaba, comenzando a desaparecer las voces críticas?
La única a cuyas formas debería querer adherirse es a la de Alsina, que reducirá su influencia para aumentar las horas de sueño. No hay gloria en la autoexplotación. Aquí todos la vamos a palmar. Hay que procurar que la muerte no nos pille entre bombillas led y moquetas.
Como un antigripal, Wild Wild Country, en Netflix.
ABUSO ESCOLAR
Se rumorea que Apple prepara un modelo de Airpods con cámara integrada. Microvídeos y microbios podrán salir juntitos de las orejas. El invento, más inquietante aun que esas gafas fotográficas con las que los inescapables, universales, graciosetes incomodan a amigos y desconocidos en bodas y salidas nocturnas, habrían resultado utilísimos para documentar el momento preciso en el que las pizarras digitales de algunos centros educativos de Andalucía se sincronizaron y, en mitad de clase, un hackeo las puso a cantar Debí tirar más fotos, de Bad Bunny.
Al césar lo que es del césar y al papa lo que es del papa, que tiene más razón que el santo que aspira a ser: para proteger la dignidad humana, la inteligencia artificial debe ser desarmada. Más de 35 grados y la voz de tubo de escape infiltrada entre raíces cuadradas. Hay que ser malaje.
Cada ocho horas durante tres días, Magnifica humanitas, de León XIV.






















