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El uso del m�vil en cualquier lugar p�blico, y ya no digamos en la escuela, ha de atenerse a las normas dictadas por la educaci�n, la cordialidad y el sentido com�n, y nadie razonable va a oponerse a eso

J�venes con tel�fonos m�viles.
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Esta semana el Times dio noticia del estudio m�s importante que se ha hecho hasta ahora sobre el impacto del uso del m�vil en la escuela. Mientras especulan con las conclusiones, voy con la muestra: unos dos mil colegios de los Estados Unidos, que implicaron a m�s de un mill�n de adolescentes, observados en tres cursos. Una muestra diez veces m�s amplia que la del estudio que se consideraba hasta ahora de referencia (Beland y Murphy, 2016) y ya no hablemos si se compara -tambi�n cualitativamente- con una especie de estudio espa�ol de 2022 sobre los efectos de la prohibici�n en Galicia y Castilla. Los autores (Allcott et al., 2026) quer�an medir los efectos intelectuales y psicol�gicos derivados de la prohibici�n del m�vil durante tres a�os.
Los resultados indican que no hay efectos acad�micos rese�ables. Los intelectuales son modestamente positivos en high school (14-18 a�os) y ligeramente negativos en middle school (11-14 a�os): magnitudes estad�sticamente detectables, pero educativamente insignificantes en los dos casos. En cuanto a la asistencia, la atenci�n en clase y la percepci�n de ciberacoso, los coeficientes son estad�sticamente indistinguibles de cero. La prohibici�n tiene un coste de adaptaci�n en el primer a�o. Aumentan los incidentes disciplinarios y cae el bienestar subjetivo que declaran los alumnos. Pero en cursos posteriores los problemas disciplinarios desaparecen y el bienestar se recupera e incluso pasa a ser positivo, como suele ocurrir tras el per�odo de adaptaci�n a una norma.
Los autores son cautamente expl�citos sobre dos l�mites del estudio. El primero alude a la duraci�n: tres a�os es un tiempo significativo, pero convendr� analizar los efectos de la medida a largo plazo. El segundo es que se examina un tipo concreto de restricci�n: el m�s estricto. Otros formatos, como prohibir el m�vil solo en la clase o dejar la decisi�n a criterio del profesor podr�an dar resultados diferentes.
El uso del m�vil en cualquier lugar p�blico, y ya no digamos en la escuela, ha de atenerse a las normas dictadas por la educaci�n, la cordialidad y el sentido com�n, y nadie razonable va a oponerse a eso. Pero algo radicalmente distinto es haber iniciado una guerra santa, hist�rica, supersticiosa y comercial, haciendo del m�vil el responsable de una supuesta debacle psicol�gica y educativa. La virtud del estudio americano, que es la virtud de la ciencia, es convertir un debate que se libra en clave moral -�El m�vil destruye el cerebro de nuestros hijos�- en un dato de orden de magnitud. Y el orden de magnitud es, por el momento, cero.
Cero, m�s menos cero, Haidt.




















