
Pedro Sánchez estrecha la mano de Xi Jinping.AFP
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Ha dicho el presidente chino, Xi Jinping, en presencia de Pedro Sánchez, que "China y España son países de principios que actúan con rectitud moral, y ambos están dispuestos a situarse del lado correcto de la historia" y curiosamente no ha desatado la carcajada de nuestro presidente. Rectitud moral y principios, ahí es nada. Para España debería ser una ofensa la comparación.
El problema está en que Europa siempre ha mirado a China como a ese hermano mayor al que te da miedo contradecir. Mejor callar que conseguir que se enfade. Las relaciones comerciales con Pekín son tan importantes y necesarias para la UE que los líderes occidentales prefieren mirar a otro lado e ignorar las violaciones continuas de derechos humanos. Ojos que no ven, corazón que no siente.
No sólo es situación de la minoría étnica uigur, arrinconada en "campos de reeducación" en la región de Xinjiang, al noroestre del país; sino también la clandestinidad a la que se ven obligados los católicos, las condiciones de los trabajadores del campo y el propio día a día de una dictadura en la que no hay derecho a pensar. Viví allí sólo un año, pero fue suficiente para palpar ese control y amedrentamiento diario a la prensa.
Que te persigan por la calle o llegar a casa y que estén todas las ventanas abiertas o el ordenador encendido son pequeños toques de atención de un régimen que te recuerda que no puedes hacer libremente tu trabajo. Con los corresponsales son más cuidadosos, pero son muchos los periodistas locales y disidentes que desaparecen de un día para otro y reaparecen tiempo después haciendo declaraciones públicas en favor del Gobierno. Si es que vuelven a aparecer.
En lo económico también vulneran constantemente las reglas del juego, violando los derechos de propiedad intelectual y copiando todo nuestro saber hacer. Y lo hacen de forma tan impune que luego los ministros van encantados de turismo a los mercados de falsificaciones.
La sociedad vive anestesiada -son cientos las aplicaciones de ocio que han inventado para tenerlos entretenidos y con el cerebro en pausa- y cree firmemente que no tiene capacidad de elegir un mejor líder para el pueblo que el que determine el partido. Es sólo parte de su realidad, pero mejor ignorarla para que sigan comprándonos y vendiéndonos. El presidente tendría que haberse reído a mandíbula batiente, pero optó por ser complaciente.


























