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Volv� los ojos a un pa�s rural, pobre e ignoto para la inmensa mayor�a de los espa�oles de hoy. Regres� en blanco y negro a la primera boda a la que asist� en la ermita del pueblo

Actualizado S�bado, 18 abril 2026 - 00:02
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Estuvimos de boda. De rango y categor�a. M�xima elegancia en pamelas, tocados y sombreros de las se�oras, as� como en los chaqu�s de los se�ores. Catering exquisito en finca espectacular. J�venes entusiastas de mucho provecho y futuro. Una boda redonda con buenos amigos.
Y me pas� que di el rodeo hasta el origen de una vida ya larga. Volv� los ojos a un pa�s rural, pobre e ignoto para la inmensa mayor�a de los espa�oles de hoy. Regres� en blanco y negro a la primera boda a la que asist� en la ermita del pueblo. Ten�a yo tres a�os y se cas� mi t�o con una joven de la villa cabecera de comarca. No me acuerdo, pero las fotos est�n ah�. Con los bordes amarillentos y decolorados, se parecen a las de Carlos P�rez Siquier, pero est�n hechas por el estudio Trabanca de Zamora. Todos los invitados, hombres y mujeres, iban de negro o marr�n y aparecen en la puerta de la ermita. La �nica que lleva tocado es mi t�a Pochola, una especie de casquete de lana. Bien erguidos, compactos, pero muy serios. Nadie sonr�e, todos con cara de susto. A�n no se hab�a inventado el cheeeeese.
El centro no lo ocupan los novios. Lo ocupa el ilustre t�o cura con capa a quien hab�a que besarle la mano. En la familia ten�a trato de obispo y su retrato presid�a el comedor. Las �nicas de blanco �ramos mi t�a, la novia y yo misma. Con unas braguitas de ganchillo que deb�an ser m�s grandes de mi talla porque en la primera foto se me caen.
El banquete se celebr� en el garaje de mi abuelo. La segunda foto est� tomada al final de la comida. Tampoco aqu� sonr�e nadie. Posamos con aspecto de vivir un momento solemne, con la mirada fija y profunda en el objetivo de la c�mara. En la mesa, botellas vac�as con una etiqueta que pone 'VINO'. Y restos de mendrugos de pan. Mi t�a me tiene en brazos y detr�s de nosotros se aprecian unos arreglos florales que producen ternura. Ramas y hojas de laureles y robles encajadas en las grietas de las paredes de piedra y cemento. Est�n algo ajadas, pero son la imagen de la solemnidad modesta que puede llegar a tener el banquete nupcial de los a�os 60 en un garaje con trazas de corral.
Casi todos los que me acompa�an en las fotos han muerto ya. La ermita sigue existiendo, no as� el lugar del banquete, ni el cuadro del t�o cura. Las fotos de la boda sobrevivieron a las desgracias familiares. Qui�n sabe por qu�, acabaron por acompa�arme despu�s de 60 a�os. Quiz� para que no se me olvide de qui�nes �ramos y c�mo era vivir all�. Un lugar a a�os luz del ahora.
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