























Actualizado S�bado, 18 abril 2026 - 22:53
En la portada de EL MUNDO del martes, bajo la noticia del probable juicio contra su esposa, Pedro S�nchez aparec�a junto a ella mientras observaba fascinado un smartphone �ltimo modelo en el campus de Xiaomi. Nuestro Lucas de la Cal describe hoy la diplomacia Labubu: �Durante d�cadas, la influencia cultural global estuvo monopolizada por Hollywood y, en Asia, por el K-pop o el anime japon�s; Pek�n se presenta ahora como superpotencia capaz de crear tendencias globales�.
En su cuarta visita a Xi, el presidente no se limit� a hablar como el primer ministro de una democracia europea que defiende en China sus intereses comerciales. S�nchez pronunci� un discurso decisivo en la Universidad de Tsinghua, el mayor vivero de la �lite china, como el int�rprete complaciente de un nuevo orden mundial en el que la democracia liberal, el autoritarismo tecnocr�tico o el capitalismo de partido conviven en un plano moral equivalente.
�Occidente debe renunciar a parte de su representaci�n en aras de la estabilidad global y la confianza del Sur Global�, dijo, tras asumir la inevitable �multipolaridad� como una �noticia maravillosa�. El presidente adopt� el lenguaje que m�s le conviene a la dictadura desde su coraz�n simb�lico. No viaj� s�lo a negociar con China, sino a comprenderla en p�blico. Xi lo recompens� situ�ndolo en �el lado correcto de la Historia�.
De Pek�n a la Internacional de las izquierdas en Barcelona, el personaje global es el mismo. Un presidente que intenta plebiscitar la pol�tica espa�ola en clave exterior y algo mucho m�s ambicioso: presentarse como el l�der emergente que moviliza a las fuerzas progresistas en nombre de un Sur Global sentimentalmente alineado contra Donald Trump, retratado en Ir�n como factor de desorden e incertidumbre.
�La cumbre de Barcelona supone el final de la transici�n de S�nchez, que ha invadido buena parte del espacio ideol�gico de Pablo Iglesias en el continente�, escrib�a Dani Lozano el viernes. El presidente se aleja de la exhausta socialdemocracia europea y comparece junto a Lula da Silva, Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum al frente de una constelaci�n h�brida, latinoamericanizada y personalista. Siempre con Jos� Luis Rodr�guez Zapatero como omnipresente catalizador ideol�gico y estrat�gico.
Y, sin embargo, ese dispositivo esc�nico tropieza con la verdad inc�moda expuesta ayer con toda rotundidad visual en el hurac�n emocional de la di�spora venezolana que desbord� la Puerta del Sol de Madrid. Tiene nombre propio: Mar�a Corina Machado. Las invectivas y fake news de Petro y Lula para descalificarla constatan la contradicci�n central de la llamada Reuni�n en Defensa de la Democracia: que mire para otro lado ante el aut�ntico term�metro moral de la democracia en Latinoam�rica, que es Venezuela. Todos los protagonistas del c�nclave de Barcelona tienen en com�n haber contemporizado con la tiran�a chavista en nombre de afinidades, equilibrios o complicidades inconfesables.
Todos han sido c�mplices al menos por omisi�n de la usurpaci�n del poder que ejecut� con mano de hierro Nicol�s Maduro tras perder las elecciones. Y ahora todos lo son de la operaci�n de reciclaje del r�gimen que pretende sostener a Delcy Rodr�guez, parad�jico t�tere del trumpismo. Tiene raz�n Mar�a Corina: �La Cumbre de Barcelona demuestra por qu� no es conveniente reunirme con S�nchez�.
El presidente ya se la jug� hace seis a�os a Juan Guaid� tras el sainete secreto con Delcy en Barajas, permiti� la extorsi�n en su legaci�n diplom�tica a Edmundo Gonz�lez, es el promotor m�s activo de la rehabilitaci�n internacional de la sucesora de Maduro a pesar de los presos pol�ticos y aplic� el ninguneo m�s doloroso tras el anuncio del Premio Nobel.
No hay nada m�s c�nico que llenarse la boca de democracia y derechos humanos pero luego darles la espalda all� donde Espa�a est� verdaderamente apelada por los v�nculos hist�ricos: �Hay quienes quieren que Venezuela sea democr�tica y libre y quienes quieren mantener el actual statu quo�. Mar�a Corina no contraprograma a S�nchez: lo desenmascara. Reunirse con �l le habr�a concedido una absoluci�n que ella no quiere regalarle.
La explosi�n de j�bilo de decenas de miles de venezolanos -��libertad!, �libertad!, �libertad!�- en el momento en el que Mar�a Corina se asom� al balc�n de la Real Casa de Correos le recuerda al mundo que ella sigue siendo la �nica figura del pa�s con legitimidad popular y capacidad real de movilizaci�n: la prueba de que su liderazgo conserva conexi�n emocional, organizaci�n y mandato social. Que no representa �nicamente una oposici�n moral, sino la opci�n m�s viable de gobierno, reconstrucci�n y reconciliaci�n nacional.
Y que si Trump pretende ordenar Venezuela s�lo desde el business con una transici�n que no pase por ella, corre el riesgo de obtener un arreglo eficaz a corto plazo pero no el orden duradero y estable que atrae inversi�n y prosperidad. No ser� sencillo detener la esperanza del cambio. Ayer, en el kil�metro cero de Espa�a, comenz� la cuenta atr�s para la vuelta de Mar�a Corina a Caracas. Para el regreso de la libertad: "Venezuela est� decidida a hacer valer su voluntad: �para all� vamos!". Los l�deres de Barcelona saben lo que eso significa.
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