Te escribo esta carta varias semanas después de que cruzásemos nuestras miradas alternativas en el festival Primavera Sound, celebrado en Barcelona

Actualizado
Te escribo esta carta desde el subsuelo, a trescientos grados centígrados y aún en shock, varias semanas después de que cruzásemos nuestras miradas alternativas en el festival Primavera Sound, celebrado en Barcelona. Te hemos visto dándolo todo, en modo off y brincando como un viejoven más en el concierto de Gorillaz. Gozamos de las ventajas de tener a nuestro primer presidente indie con perfil en LinkedIn, fan confeso de Los Planetas, dejando atrás a aquellos socialistas que ensayaban la democracia con los dedos impregnados en nicotina. Pero tú no eres de esos. Te has amamantado en una buena familia de clase media pro del barrio de Tetuán; en un centro universitario privado adscrito a la Complutense, entre sucesivos másters y la fiebre de la titulitis propagándose a toda mecha en una España a medio hacer. Crecimos en los 90 escuchando las historias del Kronen mientras bebíamos minis de calimocho en la hora feliz. En los bajos de la otra Moncloa, jugando a ser modernos, con las canciones pegadas al paladar en un inglés un poco macarrónico.
El otro día dejaste en el recinto ferial, colgado en el armario, tu traje azul Hugo Boss por un outfit menos estirado y protocolario; camisa y vaqueros en denim, un tejido cuyo uso histórico se ha asociado a las fatigosas tareas practicadas en granjas y minas del viejo Oeste, con bolsillos plagados de remaches, evitando así que las prendas se deshiciesen por el roce laboral persistente. Ahora tu cuerpo atlético no es el fruto de largas jornadas bajo tierra; se doma en el gym presidencial en sesiones programadas de cardio y fuerza por las mañanas. Y los vaqueros ya no son el uniforme de trabajo del proletariado, sino que pertenecen al lifestyle, a la diversión eterna que deseamos extender, desde que en los 50, la juventud se apropiase de la herencia obrera para reconfigurarla en icono del desacato. Mucho ha granizado ya desde Marlon Brando o James Dean, pero ahí siguen los jeans, para recordarnos que las modas, siempre vuelven. Dice Jacques Derrida en Espectros de Marx que habitamos el presente inundados de los fantasmas del pasado; tú al igual que yo, contemplaste en la tele la caída del muro de Berlín, y las ideologías, desde entonces, se han deshilachado como unos vaqueros desgastados hasta la extenuación, convirtiéndose en espectros que apenas tienen eco en la política actual, más bien solo perviven encerrados dentro de los marcos teóricos que practican cuatro intelectuales. O son palabras arrojadizas de patio de colegio. El trastorno bipolar ideológico, al igual que los vaqueros, ha mutado en otra cosa. Desde que la política se ha convertido en un estilo de vida más, el panorama es muy distinto. Algunos de los bustos parlantes que nos representan democráticamente, muy bien producidos ellos, parecen escogidos por el director de recursos humanos de Inditex. Visten jeans de marca, por supuesto. Pero nosotros recordamos a los que te preceden, de un lado y del otro, con sus dientes corruptos (ea, siempre la corrupción) en cuyas bocas se jugaban partidas de mus hasta la madrugada. Ni hacían crossfit ni escuchaban a Vetusta Morla. Tampoco había Primavera Sound, ni la madre que me parió. Se despide desde lo subterráneo, una mujer de izquierdas con muchos recursos.























