El gran negrero del siglo XXI es Pedro Sánchez. En algo tenía que ser el primero

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en Madrid.EFE
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Teníamos ya instalada en Barcelona a la flor y nata del hampa roja o antisistema desde Génova; entre Alicante y Málaga; a la del Este de Europa desde Yeltsin; y entre Málaga y Cádiz a la Mocromafia de los Países Bajos, con los pies a ambos lados del Estrecho. Contando ya con estas cabezas de puente, el desembarco del hampa de África se producía de forma paulatina, casi diría armoniosa, gracias a Marlaska y Sánchez, continuadores de la saga de grandes traidores ibéricos inaugurada por Don Julián y Don Oppas. No era, pues, urgente el decreto de rendición de fronteras publicado en el BOE, sin debate en las Cortes, por las prisas de Sánchez y sus socios. Pero ya está ahí, ante el estupor de la Unión Europea, que ve llegar a los puertos de Marsella, Ámsterdam y Hamburgo esta inmensa ola de pecios humanos e inhumanos a la que en Centroamérica llaman perraje: el Hampa del Sur. Comunistas satánicos y vaticanistas leninistas, con el Papa Melindres a la cabeza, señalan siempre a la víctima que llega, nunca al victimario que la trae. El buenismo narcisista legitima la peor trata de esclavos de la Historia.
El gran negrero del siglo XXI es Pedro Sánchez. En algo tenía que ser el primero. Sólo desde la mentalidad de lo que Sciascia llamó «cretinos de izquierda», indiferentes a los efectos reales de las causas morales que defienden, se puede decretar, a la vez, la necesidad de antecedentes penales y que no tenerlos no suponga la expulsión del indocumentado. Añádase la facilidad con que desde Marruecos, Argelia y Mauritania se consigan, previo pago de no grandes sumas, porque la oferta es amplísima, antecedentes, diplomas y hasta árboles genealógicos de virtudes tribales, sagrada herencia del clan, acreditada por Estados absolutamente corruptos.
Ahora bien, para coronar esta autopista del delito moreno sobran la policía de fronteras y la Guardia Civil. Así, se crea una policía de aluvión que, con un cursillo de tres días -y no es metáfora-, logrará firmar a toda prisa, para evitar colas y aglomeraciones, que los papeles presentados por un tío malencarado son tan valiosos como el manuscrito del Cantar de Mío Cid.
Imagine el lector a un asesino, a un traficante de mujeres y niñas, o de cocaína y fentanilo, perseguido por la policía de su país, en África; y que, de golpe, casi gratis, puede hacerse español y pronto, con pasaporte de la UE. ¿No se vendría y votaría a Sánchez?
Después de Pekín, al Vaticano. Y, tras la bendición progre, a ver quién le dice al Gobierno de Brazos Abiertos y Bolsillos Llenos (nuevos ricos, en China) que hay que echarlos a todos. Y explica cómo.






















