El primer cruce
El Ejecutivo se ha habituado a legislar primero y preguntar despu�s, y ni siquiera asume la inseguridad jur�dica que provocan sus fracasos parlamentario

Pedro S�nchez, junto a Carlos Cuerpo y Yolanda D�az, en la sesi�n de control al Gobierno en el Congreso.
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El Gobierno aprob� su decreto, ahora deca�do, sabiendo que no dispondr�a de apoyo para convalidarlo. El gesto revela una forma de gobernar -o, m�s bien, de ejercer el poder- a la que no deber�amos acostumbrarnos.
El Ejecutivo se ha habituado a legislar primero y preguntar despu�s, y ni siquiera asume la inseguridad jur�dica que provocan sus fracasos parlamentarios. Lo terrible no es que el decreto decayera, sino que estuviera vigente durante unas semanas angustiosas en las que los inquilinos enviaron burofaxes y los propietarios contrataron abogados, todo para adaptarse a una norma que no existe. Del envite del Gobierno s�lo queda incertidumbre de los arrendatarios, que no saben si podr�n seguir viviendo en sus casas, y de los arrendadores, que no saben si podr�n recuperar las suyas sin litigio.
Pero los efectos jur�dicos de este episodio son menos relevantes que la l�gica pol�tica que subyace. El Gobierno se comporta como si no tuviera que rendir cuentas por su precariedad parlamentaria y su caos normativo, sino por sus buenas intenciones. Gobierna como si la legitimidad de legislar no dependiera del Parlamento, sino de una supuesta superioridad moral: la convicci�n de representar el bien absoluto o, como ahora les gusta decir, el lado correcto de la historia. Bajo esa premisa, las medidas no necesitan ser pactadas; han de aceptarse sin m�s. Si no lo son, la responsabilidad se desplaza a la oposici�n, a la que se reprocha su insensibilidad y alineamiento con los ejes del mal. El paso siguiente es a�n m�s significativo: cuando la mayor�a parlamentaria falla, se invoca la mayor�a social. La apelaci�n a la movilizaci�n callejera no es solo ret�rica; apunta a un desplazamiento: del Parlamento como lugar de decisi�n a la presi�n social como mecanismo de validaci�n.
Hay un tercer elemento que obliga a cambiar el foco. Una cosa es la ca�da del decreto y otra qui�n es responsable de que su ca�da genere tanta angustia. El mercado del alquiler no se ha tensionado en las �ltimas semanas. Pedro S�nchez lleva ocho a�os gobernando y en este periodo han aumentado de forma sostenida tanto el precio como el d�ficit de la vivienda. No se han construido nuevas viviendas ni se han generado condiciones para que las existentes salgan al mercado.
Se dice que el Gobierno se limita a los gestos y los salmos grandilocuentes. Ojal�. Los gestos y los salmos son inoperantes pero inofensivos. Legislar sin el Parlamento, como gobernar sin Presupuestos, no lo es.
















