P.S. alias Cloaca, mustio y marginado, se largó al Primavera Sound. Pero en la calle estaba España en masa. La vieja nación católica que recibía al símbolo de la fe de sus mayores como si no hubiera faltado

León XIV, con los fieles congregados.
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La visita de España al Papa ha ocultado la visita del Papa a España, que no pudo empezar peor antes de aterrizar, y que, con el satánico Cobo abduciendo a León XIV, puede acabar con el Papa bendiciendo cayucos. Al salir de Roma, el dicasterio vaticano de la comunicación repartió una nota a la prensa sobre la situación política en España digna de Óscar Puente. Tal era el cúmulo de mentecateces progres y trolas elogiosas a P. S. Casi todos los medios obviaron la nota, una provocación, buen gesto para salvar la visita. El Papa acaba de nombrar a Montse Alvarado, de EWTN, a la que Bergoglio llamaba «obra del diablo», prefecto para ese dicasterio. Tarea tiene.
Pero fue aterrizar en España León XIV y recibirlo en el Palacio Real y todo tomó el aire sencillo y majestuoso, elegante sin afectación, propio de la nación más importante en la historia del catolicismo, que es España. En el bolsillo traía un discurso antiespañol, islamófilo y analfabeto. Pero, para entonces, las imágenes cenitales de la Plaza de la Armería, con el Rey y su familia recibiendo al Papa, ocupaban todas las televisiones del mundo. P.S. alias Cloaca, mustio y marginado, se largó al Primavera Sound.
Por desgracia, Cobo, socio de Bolaños en la profanación del Valle de los Caídos, había publicado esa mañana en Abc una Tercera que dejó al lector a la cuarta pregunta. La Revelación estaba minuciosamente borrada, y sólo muy al final había una referencia al «Dios de Jesucristo», al parecer, uno más, servido por un profeta famoso. La única referencia clara, entre la bruma woke y asistencial, sobre el futuro de la Iglesia era el sinodalismo, un asamblearismo entre protestante y masónico, con los laicos al mismo nivel de los obispos, que pondría la Revelación a votación cada cinco años.
El discurso del Papa no elogió la Reconquista ni la evangelización de América, sino la Escuela de Traductores de Toledo, fábula progre que oculta que Alfonso X, además de pagar traductores de la cultura clásica, griega y oriental, expulsó al Islam de Andalucía Occidental y Murcia. La paz se defiende ahora contra Trump, no contra Irán y Hamas. Qué cambio.
Pero en la calle estaba España en masa. La vieja nación católica que recibía al símbolo de la fe de sus mayores como si no hubiera faltado. Y ese pueblo de Dios, el español, lo ha hermoseado todo. La organización es perfecta. Y León XIV derrocha gentileza y sensibilidad con los enfermos y con una juventud que da gusto verla: guapa, limpia y esperanzada. Una gran nación, alegre y educada, bajo el cielo de Velázquez, pintor del Cristo.
























