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El Congreso de los Diputados ha sido escenario de un agrio cara a cara entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, en un clima de máxima crispación política marcada por el cerco judicial al entorno del Ejecutivo. El enfrentamiento se produjo mientras los diputados seguían con atención los primeros compases de la declaración judicial de José Luis Rodríguez Zapatero, en un contexto donde no solo el PP, sino también socios estratégicos como el PNV, han comenzado a exigir la disolución de las Cámaras.
Alberto Núñez Feijóo arrancó su intervención con una dureza inusual, afirmando que la historia recordará a Sánchez como "el presidente con más sospechas de corrupción de la democracia española". El líder popular aludió directamente a los casos de Begoña Gómez y de figuras que calificó sarcásticamente como el "faro moral" del PSOE, como Zapatero o Leire Díez. Feijóo acusó al presidente de ser un "cobarde" que teme a la democracia y a las urnas, sentenciando que "usted no es un demócrata" antes de cerrar su turno con un irónico "ánimo, Pedro".
Por su parte, Pedro Sánchez replicó tachando a su rival de ser un "Torquemada de la vida". En su contraataque, el jefe del Ejecutivo reprochó a Feijóo que "protege a Ayuso y se sienta en un edificio pagado en B", defendiendo que su gestión, a diferencia de la oposición "destructiva", está centrada en iniciativas que benefician a la mayoría social. Además, Sánchez aprovechó para anunciar un nuevo decreto destinado a proteger a la ciudadanía frente a las posibles consecuencias de la inestabilidad entre Estados Unidos e Irán, reafirmando su intención de agotar la legislatura hasta 2027.
La jornada se complicó para el Gobierno con la intervención de la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, quien advirtió que la mayoría de la investidura se ha perdido y exigió elecciones inmediatas si no se aprueban los Presupuestos. Este ambiente de bloqueo se vio agravado por el malestar generado tras el veto de PSOE y Sumar a las enmiendas de PP y Junts que pedían la disolución de las Cortes, un movimiento que la oposición interpreta como una señal de debilidad y miedo del presidente a perder la confianza del Parlamento.


















