Ciudad abierta
"El crimen organizado no puede ser un problema local; tiene un efecto corrosivo sobre estructuras fundamentales del propio Estado de Derecho"

Funeral en honor a los dos agentes de la Guardia Civil fallecidos en Huelva.EFE
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Sucedi� hace un par de a�os. En una clase en la universidad habl� sobre los desaf�os a los que ha debido responder la democracia surgida de la Transici�n en los �ltimos 15 a�os. Mi selecci�n fue bastante predecible: la crisis de 2008, la impugnaci�n del sistema bipartidista, el auge de los nuevos populismos, el proc�s catal�n, la pandemia, las nuevas presiones sobre el Estado del bienestar, etc. Hacia el final de la clase, una estudiante levant� la mano y pregunt� muy educadamente si iba a decir algo sobre el narcotr�fico y el crimen organizado. Explic� que ella era de una localidad de la provincia de C�diz y que, en su entorno, aquello era visto como un problema mucho m�s cercano y grave que casi todo lo que hab�a mencionado hasta entonces.
Aquello result� muy ilustrativo, tanto por lo que se�al� la chica como por algo que qued� claro en el debate posterior: hasta aquel momento, ni yo ni el resto de sus compa�eros hab�amos pensado en el narcotr�fico como un problema espa�ol. Si alguna vez lo hab�amos visto como un fen�meno cercano -y no algo propio de pa�ses americanos, o de Italia si pens�bamos en el contexto europeo-, no se nos hab�a ocurrido que fuese m�s all� de unas zonas muy concretas. El Estrecho, la Galicia de Fari�a... nada que afectase al conjunto de nuestro Estado y nuestra democracia.
Viene la an�cdota a cuento de la muerte hace unos d�as en Huelva de dos guardias civiles mientas persegu�an una narcolancha. La tragedia ha tenido repercusi�n nacional, tanto por haberse producido en plena campa�a de las andaluzas -Feij�o y Moreno hablaron de ella en su mitin del fin de semana- como por las cr�ticas que ha recibido el ministro Marlaska. Unas cr�ticas que tambi�n remiten al debate que se produjo en 2024, tras el asesinato de dos guardias civiles en Barbate. Sin embargo, parece que el problema mayor -la creciente presencia y fuerza del crimen organizado en nuestro pa�s- sigue sin ser visto por la opini�n p�blica como un desaf�o aut�nticamente nacional. El tema m�s bien guadianea por nuestra conciencia, dependiendo de que una tragedia -o una infamia- lo devuelva a las portadas, o de si unas elecciones auton�micas en alguno de los lugares m�s afectados por este fen�meno lo suban a la noria de temas considerados �de actualidad�. Y pronto se baja.
El caso es que el narcotr�fico y el crimen organizado no son -no pueden ser- problemas locales. Claro que sus efectos resultan mucho m�s visibles y da�inos en unas provincias que en otras. Pero esto no significa que su impacto se quede all�. El crimen organizado tiene un efecto corrosivo sobre aspectos y estructuras fundamentales del propio Estado de Derecho, empezando por la capacidad de las fuerzas de seguridad de asegurar el cumplimiento de la ley en todo el territorio. Y siguiendo por la capacidad de la propia ley -y de la Justicia- de hacer frente a los delincuentes. Lo que es peor: el crimen organizado siempre busca infiltrar, condicionar o imposibilitar el trabajo de esos dos elementos nucleares en cualquier Estado moderno que son las fuerzas de seguridad y el poder judicial. Y una vez se produce ese tipo de infiltraci�n, el proceso es muy dif�cil de revertir. Cuando al fin veamos las narcolanchas del Guadalquivir como un problema de todos -como un problema espa�ol-, puede que ya sea demasiado tarde.

























